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La mayor parte de estrellas no nacen en amables cunas cósmicas, sino en violentas nubes llenas de potentes vientos y abrasadora luz. Nuevas imágenes tomadas por el Observatorio Europeo del Sur (ESO) ofrecen una visión de uno de estos caóticos terrenos de nacimiento.

Las observaciones revelan estrellas en ciernes entre el violento ataque de radiación de otras estrellas cercanas y materia expulsada en explosiones de supernova de estrellas moribundas.

Los investigadores centraron su atención en una nube conocida como RCW 38, situada aproximadamente a 5500 años luz de distancia. En esta densa colección de gas y polvo, muchas estrellas nace, viven y mueren.

De hecho, los científicos creen que nuestro propio Sol y Sistema Solar nacieron posiblemente en un cúmulo similar a este, en lugar de en una región suburbana más apartada de la Vía Láctea.

“Observando cúmulos estelares como RCW 38, podemos aprender mucho sobre los orígenes de nuestro Sistema Solar y otros, así como de esas estrellas y planetas que aún tienen que nacer”, dijo Kim DeRose, primera autora del artículo sobre el nuevo estudio en el ejemplar de junio de la revista Astronomical Journal. DeRose trabajó en el proyecto cuando era estudiante no graduada en el Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica en Cambridge, Massachussetss.

Las nuevas imágenes son las más detalladas hasta el momento de RCW 38, tomadas con el instrumento de óptica adaptativa NACO en el Telescopio Muy Grande de ESO en Chile. Las imágenes revelan que el objeto, conocido como IRS2, el cual parece ser una estrella masiva en el centro de una nube, es en realidad dos estrellas distintas rotando una sobre otra en un sistema binario.

Este sistema brilla en una luz blanca-azul, el rango más caliente para las estrellas. La potente radiación que se emite desde IRS2 energiza y dispersa el gas cercano que podría de otra forma colapsar en nuevas estrellas, o que podría formar discos protoplanetarios alrededor de estrellas en desarrollo. De no ser interrumpidos, estos discos pueden finalmente dar lugar a nuevos sistemas solares con planetas, lunas y cometas como el nuestro.

El predominante sistema binario en el centro de la nube no parece haber aplastado toda la formación estelar cercana. Los investigadores encontraron unas pocas protoestrellas, las cuales son tenues bebés que se convertirán en estrellas adultas, en la región.

Y en las nubes abarrotadas como RCW 38, las explosiones de supernova también son comunes. Esta agonía de estrellas masivas dispersa materia por toda la nube, incluyendo elementos pesados e isótopos raros de compuestos químicos quedan absorbidos en otras estrellas que se forman en las cercanías. Detectar algunos de estos isótopos en el Sol es una forma en la que los astrónomos pueden aprender sobre nuestros propios orígenes y rastrearlos a una caótica cuna como esta.

Una vela solar de tamaño decente podría acelerar fuera del Sistema Solar en muy poco tiempo, lo cual genera nuevos retos para los navegantes.

Si alguna vez viajamos a una distancia decente de la Tierra, tendremos que romper nuestra dependencia de los sistemas de propulsión química: simplemente no es posible llevar suficiente combustible químico para lograr un impulso decente.

Una alternativa interesante es la vela solar, la cual usa la fuerza de la presión de radiación solar para acelerar. Mediante un cálculo, una vela solar con un radio de aproximadamente un kilómetros y una masa de 300 kg (incluyendo 150 kg de carga) tendría un pico de aceleración de 0,6g en una trayectoria parabólica si fuese liberada a 0,1 UA del So (donde la presión de radiación es más alta).

Este tipo de aceleración la llevaría más allá del cinturón de Kuiper, en la heliopausa, el límite entre el Sistema Solar y el espacio interestelar, en apenas 2,5 años; una distancia de 200 UA.

En 30 años, podría viajar 2500UA, lo suficiente para explorar la Nube de Oort.

Pero tal viaje puede no ser coser y cantar, especialmente en lo que respecta a la navegación, dice Roman Kezerashvili y Justin Vazquez-Poritz, físicos de la Universidad de New York. Dicen que la física Newtoniana común no es válida para este tipo de viaje.

El problema es que la vela tendría que lanzarse tan cerca del Sol que los efectos de la relatividad general tales como la precesión del perihelio de los objetos orbitales tienen que tenerse en cuenta. E incluso aunque estos efectos fuesen relativamente pequeños en el inicio, tienen un gran significado a lo largo de grandes distancias.

Los cálculos llevados a cabo por Kezerashvili y Vazquez-Poritz demuestran que los efectos de la relatividad general podría sacar de su curso a una vela solar en hasta un millón de kilómetros en el tiempo que alcanza la Nube de Oort e incluso las diminutas fuerzas relativistas tales como el arrastre de marcos pueden causar un desvío de mil kilómetros.

Lo que estos chicos están diciendo es que los navegantes interestelares tendrán que ser muy competentes en la nueva disciplina de la navegación relativista.

No obstante, esto no pasará en un tiempo. La estimación más optimista para el lanzamiento de una de tales misiones está en torno a 2040.


Las explosiones estelares conocidas como supernovas de tipo Ia se han usado durante mucho tiempo como “candelas estándar”, su brillo uniforme da a los astrónomos una forma de medir distancias cósmicas y la expansión del universo. Pero un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Nature revela fuentes de variabilidad en las supernovas de tipo Ia que tendrán que ser tomadas en cuenta si los astrónomos quieren usarlas para medidas más precisas en el futuro.

El descubrimiento de la energía oscura, una misteriosa fuerza que acelera la expansión del universo, se basa en las observaciones de las supernovas de tipo Ia. Pero para estudiar la naturaleza de la energía oscura y determinar si es constante o variable en el tiempo, los científicos tendrán que medir distancias cósmicas con una precisión mucho mayor de lo que lo han hecho en el pasado.

“Cuando comencemos la próxima generación de experimentos cosmológicos, querremos usar las supernovas de tipo Ia como medidas de distancia muy sensibles”, dijo el autor principal Daniel Kasen, miembro posdoctoral de Hubble en la Universidad de California en Santa Cruz. “Sabemos que no todas tienen el mismo brillo, y tenemos formas de corregirlo, pero necesitamos saber si hay diferencias sistemáticas que sesgarían las medidas de distancia. Por lo que este estudio exploró qué causa esas diferencias en el brillo”.

Kasen y sus coautores — Fritz Röpke del Instituto Max Planck para Astrofísica en Garching, Alemania, y Stan Woosley, profesor de astronomía y astrofísica en la UC en Santa Cruz—usaron supercomputadores para ejecutar docenas de simulaciones de supernovas de tipo Ia. Los resultados indican que gran parte de la diversidad observada en estas supernovas se debe a la naturaleza caótica de los procesos implicados y a la asimetría resultante de las explosiones.

Para la mayor parte, esta variabilidad no produciría errores sistemáticos en los estudios de medidas dado que los investigadores usan u gran número de observaciones y aplican correcciones estándar, dijo Kasen. El estudio encontró un pequeño pero preocupante efecto que podría dar como resultado diferencias sistemáticas en la composición química de las estrellas en distintas etapas de la historia del universo. Pero los investigadores pueden usar los modelos por ordenador para caracterizar más este efecto y desarrollar correcciones para el mismo.

“Dado que estamos comenzando a comprender cómo funcionan las supernovas de tipo Ia a partir de sus principios básicos, estos modelos pueden usarse para refinar nuestra estimación de distancia y hacer medidas del índice de expansión del universo de forma más precisa”, dijo Woosley.

Una supernova de tipo Ia tiene lugar cuando una estrella enana blanca adquiere una masa adicional absorbiendo materia de una estrella compañera. Cuando alcanza una masa crítica – 1,4 veces la masa del Sol, compactada en un objeto del tamaño de la Tierra – el calor y presión del centro de la estrella disparan una reacción nuclear de fusión desbocada, y la enana blanca estalla. Dado que las condiciones iniciales son aproximadamente las mismas en todos los casos, las supernovas tienden a tener la misma luminosidad, y sus “curvas de luz” (cómo cambia la luminosidad con el tiempo) son predecibles.

Algunas son intrínsecamente más brillantes que otras, pero se iluminan y apagan más lentamente, y su correlación entre el brillo y la anchura de la curva de luz permite a los astrónomos aplicar correcciones para estandarizar sus observaciones. Por lo que los astrónomos pueden medir la curva de luz de una supernova de tipo Ia, calcular su brillo intrínseco, y entonces determinar cómo de lejos está, dado que el brillo aparente disminuye con la distancia (igual que una vela parece más tenue en la lejanía que una que está más cerca).

Los modelos por ordenador usados para simular estas supernovas en el nuevo estudio se basan en la actual comprensión teórica de cómo y dónde se inicia el proceso de ignición dentro de la enana blanca y dónde empieza la transición de la combustión de quemado lento a la detonación explosiva.

“Dado que la ignición no tiene lugar en un punto muerto, y que la detonación sucede primero en un punto cerca de la superficie de la enana blanca en explosión, las explosiones resultantes no son esféricamente simétricas”, explicó Woosley. “Esto podría estudiarse adecuadamente sólo usando cálculos multidimensionales”.

La mayor parte de estudios anteriores han usado modelos unidimensionales en los que la explosión simulada es esféricamente simétrica. Las simulaciones multidimensionales requieren mucha más potencia de cálculo, por lo que el grupo de Kasen ejecutó la mayor parte de sus simulaciones en la potente supercomputadora Jaguar en el Laboratorio Nacional Oak Ridge, y también usó supercomputadores del Centro de Nacional de Cálculo de Investigación en Energía en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley. Se informa de los resultados de modelos bidimensionales en el artículo de Nature, y los estudios tridimensionales están actualmente en proceso.

Las simulaciones demostraron que la asimetría de las explosiones es un factor clave para determinar el brillo de una supernova de tipo Ia. “La razón de que estas supernovas son tengan todas el mismo brillo está estrechamente vinculada a la ruptura de la simetría esférica”, dijo Kasen.

La fuente predominante de variabilidad es la síntesis de nuevos elementos durante las explosiones, la cual es sensible a diferencias en la geometría de las primeras chipas que encienden una reacción termonuclear desatada en el núcleo de la enana blanca. El níquel-56 es especialmente importante, debido a que el decaimiento radiactivo de este imparable isótopo crea el resplandor que los astrónomos observan durante meses o incluso años tras la explosión.

“El decaimiento del níquel-56 es lo que alimenta la curva de luz. La explosión termina en cuestión de segundos, por tanto lo que vemos es el resultado de cómo el níquel calienta los restos y cómo los escombros irradian luz”, dijo Kasen.

Kasen desarrolló el código para simular este proceso de transferencia radiativa, usando una salida de las explosiones simuladas para producir visualizaciones que pueden compararse directamente con observaciones astronómicas de las supernovas.

Las buenas noticias son que la variabilidad vista en los modelos por ordenador concuerdan con las observaciones de supernovas de tipo Ia. “Más importante aún, la anchura y puco de luminosidad de la curva de luz están correlacionados de una forma que encajan con lo que los observadores han encontrado. Por tanto los modelos son consistentes con las observaciones en las que se basa el descubrimiento de la energía oscura”, dijo Woosley.

Otra fuente de variabilidad es que estas explosiones asimétricas se ven de forma muy diferente cuando se observan desde distintos ángulos. Esto puede contar hasta en un 20% de las diferencias de brillo, dijo Kasen, pero el efecto es aleatorio y crea dispersión en las medidas que pueden ser reducidas estadísticamente observando grandes números de supernovas.

El potencial del sesgo sistemático procede principalmente de la variación en la composición química inicial de la estrella enana blanca. Los elementos más pesados se sintetizan durante las explosiones de supernovas, y los restos de esas explosiones se incorporan a nuevas estrellas. Como resultado, las estrellas que se formaron recientemente es probable que contengan elementos más pesados (una “metalicidad” más alta, en terminología astronómica) que las estrellas del pasado lejano.

Este es el tipo de cosa que esperamos que evolucione con el tiempo, por lo que si miras la estrellas lejanas que se corresponden con épocas muy anteriores en la historia del universo, tenderían a tener una menor metalicidad”, dijo Kasen. “Cuando calculamos el efecto en nuestros modelos, encontramos que los errores resultantes en las medidas de distancia sería de un orden del 2 por ciento o menos”.

Posteriores estudios usando simulaciones por computador permitirán a los investigadores caracterizar los efectos de tales variaciones con más detalle y limitar su impacto en futuros experimentos de energía oscura, los cuales podrían requerir un nivel de precisión que haría un error del 2 por ciento inaceptable.

Los problemas financieros de la NASA han puesto en duda el plan para el retorno del hombre a la Luna. Según una comisión designada por el presidente Barack Obama para revisar el programa de vuelos espaciales, la Agencia no tiene suficiente dinero para concretar el plan de poner astronautas en la Luna para 2020. Además, el grupo indicó que el satélite natural de la Tierra no debería ser el objetivo central de la exploración espacial tripulada, según indicó 'The Washington Post'.

Desde hace tres años la NASA viene sufriendo problemas de presupuesto y, además de reducir personal, ha tenido que aumentar las formas de hacer economías de sus diversos proyectos. En 2004 el entonces presidente, George W. Bush, anunció su "Visión para la Exploración Espacial" que incluyó el retorno del hombre a la Luna para la década de 2020, así como la preparación de viajes tripulados a Marte en las décadas siguientes.

Sin embargo, la Comisión de Planes para Viajes Espaciales Tripulados, encabezada por el ejecutivo aeroespacial Norman Agustine, piensa que un plan de ese tipo implicaría abandonar la Estación Espacial Internacional (EEI) la cual sería arrastrada por la fuerza gravitatoria de la Tierra hasta estrellarse en Pacífico sur en 2016. Los miembros de la comisión se reunirán en los próximos días con funcionarios de la Casa Blanca y presentarán un informe final sobre sus conclusiones a finales de este mes.


El diario norteamericano indicó que, aunque en la lista de opciones planteadas por la comisión se incluye la creación de una base lunar, el grupo se inclinaría más por la alternativa llamada 'Espacio profundo' que consistiría en enviar astronautas en viajes más allá de la órbita terrestre pero no depositarlos en otros planetas.

Esa estrategia implicaría el viaje de naves tripuladas a asteroides cercanos a la Tierra y que están más allá de la magnetosfera que protege nuestro planeta. Podrían viajar a Fobos, una pequeña luna de Marte a la que una nave tripulada se podría acoplar de una forma similar al encuentro entre los transbordadores y la EEI.

Según el análisis de la comisión consignado por el diario, la Luna sería una posible plataforma, pero no el objetivo central de la exploración espacial. Por otra parte, llevar astronautas a la superficie de Marte y traerlos de regreso a la Tierra sería onerosamente prohibitivo.


Según la ex astronauta Sally Ride, la brecha presupuestaria de la NASA llegará a los 50.000 millones en 2020. Si la vida de la Estación Espacial se extendiera otros cinco años, el actual presupuesto permitiría terminar la construcción de un cohete lunar solamente en 2028 y eso se tendría que hacer sin asignar recursos para desarrollar los componentes de una base lunar, indicó Ride.

La EEI es un proyecto internacional concebido a un costo de unos 100.000 millones de dólares. Se espera terminarla a finales del próximo año o comienzos de 2011 cuando sean retirados los transbordadores estadounidenses que han sido los principales instrumentos de su construcción.

"Si estamos dispuestos a esperar hasta 2028, habrá un vehículo de transporte pesado... pero no tendrá nada que transportar. No se puede concretar el programa con este presupuesto", afirmó Sally Ride. Tanto en su campaña presidencial como durante sus primeros meses en la Casa Blanca, Obama ha dado su respaldo a los planes para el regreso del hombre a la Luna. Sin embargo, su decisión de crear la comisión es un indicio de dudas, manifestó el diario.

Las rocas lunares pueden ser procesadas directamente para producir oxígeno.

Científicos de Cambridge en el Reino Unido, han desarrollado un reactor que puede crear oxígeno a partir de rocas lunares — una tecnología vital si planetas crear una base lunar para lanzamientos.

Ya sea para aprovechar los recursos de la Luna o para usarlo como punto de salida para explorar lugares más profundos del espacio, los ocupantes de cualquier futura base lunar necesitarán oxígeno para sobrevivir. Enviar enormes cantidades a la Luna sería extremadamente caro — tal vez con un coste de 100 millones de dólares por tonelada de acuerdo con algunas estimaciones — por lo que los investigadores están examinando formas potencialmente más baratas de producir oxígeno en la propia Luna.

La NASA ha estado buscando formas de conseguir oxígeno de las rocas lunares desde hace varios años. En 2005, como parte del programa de Desafíos del Centenario, la agencia ofreció un premio de 250 000 dólares al primer equipo en lograr un conjunto que pudiese extraer cinco kilogramos de oxígeno en ocho horas a partir de alguna roca lunar simulada. A pesar de elevar el premio a 1 millón de dólares en 2008 con la ayuda de la Autoridad Espacial de California, el premio sigue sin dueño. Además, el programa en curso de Utilización de Recursos In Situ de la agencia está actualmente observando distintas tecnologías para extraer oxígeno de las rocas lunares.

Ahora, Derek Fray, químico de materiales de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, y sus colegas han logrado una solución potencial modificando un proceso electroquímico que inventaron en 2000 para lograr metales y aleaciones a partir de óxidos de metal1. El proceso usa el óxido — también encontrado en rocas marcianas — como cátodo, junto con un ánodo hecho de carbono. Para lograr el flujo de corriente en el sistema, los electrodos se sitúan en una solución de electrolito de cloruro cálcico fundido (CaCl2), una sal común con un punto de fusión de casi 800 °C.

Ánodo erosionado

La corriente arranca los átomos de oxígeno de las bolitas de óxido de metal, las cuales están ionizadas y se disuelven en la sal fundida. Los iones de oxígeno cargados negativamente se mueven a través de la sal fundida hacia el ánodo donde logran sus electrones extra y reaccionan con el carbono para producir dióxido de carbono — un proceso que erosiona el ánodo. Mientras tanto, el metal puro se forma sobre el cátodo.

Para hacer que el sistema produzca oxígeno y no dióxido de carbono, Fray tuvo que hacer un ánodo no reactivo. Esto fue crucial: “son esos ánodos, no funciona”, dice Fray. Descubrió que el titanato de calcio, que es un mal conductor eléctrico por sí mismo, se hace mucho mejor conductor cuando se le añade algo de rutenato de calcio. Esta mezcla produjo un ánodo que apenas se erosionaba — tras hacer funcionar el reactor durante 150 horas, Fray calculó que el ánodo se desgastaría unos tres centímetros al año.

En sus pruebas, Fray y sus colegas usaron una roca lunas simulada conocida como JSC-1, desarrollada por la NASA. Fray adelanta que tres reactores, cada uno de un metro de alto, serían suficientes para generar una tonelada de oxígeno al año en la Luna. Se necesitan tres toneladas de roca para producir una de oxígeno, y en las pruebas el equipo vio una recuperación del oxígeno de casi el 100%, comenta. Fray presentó sus resultados la semana pasada en el Congreso de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada en Glasgow, Reino Unido.

Para calentar el reactor en la Luna se necesitaría una pequeña cantidad de energía, señala Fray, y el propio reactor puede aislarse térmicamente para mantener el calor en él. “No sería un problema”, comenta. Los tres reactores necesitarían aproximadamente 4,5 kilovatios de potencia — no mucho más de lo que se usa para calentar un calefactor eléctrico de un hervidor doméstico — la cual podría suministrarse mediante paneles solares o incluso un pequeño reactor nuclear situado en la Luna.

Con un aporte extra de 10 millones de libras (16,5 millones de dólares), Fray dice que sería capaz de desarrollar un “prototipo robusto” de un reactor mayor que podría ser manejado de forma remota. Actualmente está trabajando junto con la Agencia Espacial Europea para lograr este objetivo.

Autoensamblaje

Una técnica similar para la extracción de oxígeno está siendo desarrollada por Donald Sadoway en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Massachusetts, pero su proceso funciona a una temperatura mucho mayor de unos 1600 °C — lo cual significa que la roca lunar se funde y puede actuar como electrolito ella misma. Produce metal fundido, incluyendo hierro, el cual cae al fondo. Fray dice que su proceso es más eficiente debido a que funciona a una temperatura más baja, pero Sadoway insiste en que la electrólisis de sal fundida, como se conoce a su técnica, recupera de todos sitios el calor extra que necesita. “En el proceso de Derek, la sal fundida le permite funciona a una temperatura mucho más baja”, dice Sadoway, “pero aún tiene que consolidar la roca lunar en una forma sólida”. Esto es a menudo difícil debido a la naturaleza de arena fina de la roca lunar, comenta.

El reactor de Sadoway podría incluso construirse a sí mismo. El interior estaría hecho de regolito lunar — los restos polvorientos que forman la superficie lunar — calentado eléctricamente para fundirlo, y el exterior sería de regolito sólido enfriado. “Formamos el muro del reactor permitiendo que el regolito fundido se congele”, dice, pero admite que iniciar el proceso es “complejo”.

Sadoway dice que con suficiente patrocinio, podría tener su sistema a escala en dos años. Su proceso ha sido preseleccionado por la NASA y está recibiendo algo de patrocinio de la agencia. “Una vez solucionado el problema de los materiales en la escala de laboratorio deberíamos ser capaces de avanzar rápidamente”, señala.

Conocida popularmente como Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo (festividad que se celebra el día 10 de agosto), la lluvia de estrellas se inicia alrededor del 17 de julio y se prolonga hasta el 24 de agosto, aunque depende del año.

Este verano la lluvia de estrellas tendrá su máximo de actividad el 12 de agosto, entre las 19:30 y las 22:00 horas (horario peninsular), pudiendo llegar a observarse hasta 200 estrellas fugaces en una hora. En esta ocasión, al estar la Luna en su fase de cuarto menguante el día 13 de agosto se espera cierta dificultad en la observación de los meteoros más débiles.

Científicamente, lo que conocemos como 'estrellas fugaces' no son otra cosa que meteoros: partículas de polvo de tamaño variable que los cometas van dejando a lo largo de su órbita mientras giran alrededor del Sol.

Cuando la Tierra entra en contacto con la órbita de un cometa los restos de partículas dejados por éste se desintegran al penetrar en la atmósfera. El resultado son las llamadas lluvias de estrellas.

En el caso concreto de las Perseidas, la Tierra atraviesa la órbita del cometa Swift-Tuttle, que tarda unos 130 años en dar una vuelta alrededor del Sol y que hizo su última aparición en el año 1992.

Generalmente, las lluvias de meteoros son bautizadas con el nombre de la constelación donde se encuentra el punto radiante (el punto del cielo desde el cual parecen provenir los meteoros en el instante del máximo de actividad). En este caso, el punto radiante se localiza en la constelación de Perseo, de ahí el nombre de Perseidas.

Con motivo del Año Intenacional de la Astronomía se ha organizado la 3ª Fiesta de Estrellas. El objetivo de este proyecto es la organización de observaciones públicas en plazas y lugares emblemáticos de España en fechas coincidentes con efemérides celestes relevantes.

El ayuntamiento de Roquetas de Mar (Almería) y la Asociación Astronómica Orión han organizado una noche para ver las Perseidas tumbados en la arena mientras se relatan historias acerca del universo.

La asociación AstroSantander ofrece observar este fenómeno desde una goleta en el mar y AstroCuenca desde las ruinas romanas de Valeria.

Los astrónomos recomiendan observar este fenómeno en las zonas menos afectadas por la contaminación lumínica de las ciudades. La zona de Calar Alto, en Almería, o provincias como Soria, Cuenca o Teruel son las más idóneas.

Dos lejanos planetas que orbitan una joven estrella impactaron entre sí a altas velocidades hace miles de años en una colisión cósmica de proporciones cataclísmicas, anunciaron los astrónomos el lunes. Las reveladoras columnas de roca vaporizada y restos de lava dejados por la colisión mostraron su existencia al Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, el cual captó las señales del impacto en recientes observaciones.


La colisión entre ambos planetas tuvo lugar en los últimos miles de años aproximadamente – un marco temporal cósmico relativamente reciente. El menor de los dos cuerpos – un planeta de aproximadamente el tamaño de la Luna, de acuerdo c los modelos por ordenador – aparentemente fue destruido por el impacto. El otro era muy probablemente un planeta del tamaño de Mercurio y sobrevivió, aunque quedó seriamente dañado.

Esta colisión tuvo que ser enrome y a una velocidad increíblemente alta para que la roca se haya evaporado y fundido”, dijo Carey Lisse del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Maryland, autor principal de un artículo que describe los hallazgos en el ejemplar del 20 de agosto de la revista Astrophysical Journal.

Los investigadores creen que los planetas se movían a aproximadamente 10 kilómetros por segundo antes de la colisión. El violento impacto liberó roca de silicio amorfa, o vidrio fundido, y endureció trozos de lava conocidos como tectitas. Spitzer también observó grandes nubes de gas de monóxido de silicio orbital creado cuando se evaporó la roca.

“Este es un evento de vida corta y verdaderamente raro, crítico en la formación de planetas como la Tierra y las lunas”, dijo Lisse. “Hemos tenido suerte de haber sido testigos de uno no mucho después de que tuviese lugar”.

Los detectores infrarrojos de Spitzer encontraron trazas de restos de rocas y lava re-congelada alrededor de una joven estrella, conocida como HD 172555, aún en las primeras etapas de formación planetaria. El sistema está a aproximadamente 100 años luz de la Tierra.

Un cataclismo similar se cree que formó la Luna hace más de 4000 millones de años, cuando un cuerpo del tamaño de Marte impactó en la Tierra.

“La colisión que formó nuestra Luna habría sido tremenda, suficiente para fundir la superficie de la Tierra”, dijo el coautor Geoff Bryden del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California. “Los restos dejados por la colisión muy probablemente se asentaron en un disco alrededor de la Tierra que finalmente se fundieron para formar la Luna. Esta es aproximadamente la misma escala de impacto que vemos con Spitzer – no sabemos si se formará o no una luna, pero sabemos que la superficie de un gran cuerpo rocoso estaba al rojo vivo, retorcida y fundida”.

De hecho, unos encuentros tan violentos parecen haber sido comunes en la historia inicial de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo, los impactos gigantes se cree que han despojado a Mercurio de su corteza externa, inclinado a Urano sobre un lado, y vuelto del revés a Venus.

Apenas este mes, una pequeña roca espacial se estrelló contra Jupiter , creando una gran mancha negra.

En general, los planetas rocosos como la Tierra se fusionan y crecen cuando las rocas pequeñas impactan y se agrupan, uniendo sus núcleos.

El sistema alrededor de HD 172555 es relativamente joven con sólo 12 millones de años de antigüedad, comparado con los 4500 millones de años de nuestro Sistema Solar.

Las medidas de la composición realizadas por el Rover de Exploración de Marte Opportunity de la NASA confirma que esta roca de la superficie de Marte es un meteorito de hierro-níquel.

Esta imagen combina exposiciones del ojo izquierdo y derecho de la cámara panorámica del róver para proporcionar una visión tridimensional cuando se ve a través de gafas rojo-azules. La cámara tomó las imágenes durante el día marciano 1961, o sol, de la misión de Opportunity en Marte (31 de julio), después de aproximarse lo suficiente para tocar la roca con el brazo robótico del róver.

Los investigadores han llamado informalmente a la roca”Block Island”. Con una anchura de aproximdamente sesenta centímetros, es el meteorito más grande encontrado hasta el momento en Marte. Opportunity encontró un meteorito más pequeño de hierro-níquel, llamado”Heat Shield Rock” a finales de 2004.

Un equipo internacional de astrónomos ha constatado la existencia de galaxias hiperactivas en el Universo cercano, cuyas estrellas se mueven a una velocidad de más de 1.600.000 kilómetros por hora, una cifra que duplica la tiene el Sol en la Vía Láctea. Este descubrimiento "podría arrojar nuevos datos sobre la formación del cosmos", según aseguró hoy la Sociedad Astronómica Americana (AAS, por sus siglas en Inglés).

"Estas galaxias son muy pequeñas, pero el rápido movimiento de los cuerpos que la forman arroja una nueva luz sobre el proceso que siguieron estas nebulosas primigenias, mucho más pequeñas que la Vía Láctea, hasta alcanzar el tamaño que tienen en la actualidad", explica el director de la investigación, el profesor de la Universidad de Yale (EEUU), Pieter van Dokkum. En este sentido, subrayó que hasta el momento "no se conocía el modo en que evolucionaban estas galaxias en el Universo cercano".

El equipo que encabeza dicho trabajo, publicado hoy por la revista 'Nature', se basó en los datos ofrecidos por la sonda Hubble de la NASA, así como las informaciones recogidas por el telescopio 'Gemini' que, con ocho metros de longitud, permanece enclavado en el sur de Chile. Así, según Van Dokkum, las imágenes que el 'Hubble' tomó en 2007 confirmaron que esta galaxia constituía "una pequeña fracción del tamaño de las que podemos observar hoy en el universo desarrollado".

En este sentido, explicó que el espejo gigante que posee el "Gemini" permitió recoger suficiente luz como para determinar los movimientos de las estrellas mediante una técnica "no muy distinta" a la que la Policía utiliza habitualmente para captar la velocidad de los coches en la carretera. Asimismo, se sirvieron también de las observaciones "clave" recogidas por el espectómetro de infrarrojos del telescopio.

"Al observar esta galaxia, tenemos la oportunidad de echar la vista atrás en el tiempo y ver el aspecto que tenían estas nebulosas en el pasado, cuando el universo era todavía muy joven", afirma otra miembro del equipo, la profesora de la Universidad de Princeton (EEUU), Mariska Kriek. No obstante, los astrónomos confiesan que "aún resulta difícil explicar por qué se formó masivamente y el motivo por el cuál no es visible en el universo local".

Grandes galaxias a partir de la acumulación de estrellas

"Los centros de las grandes galaxias se formaron presumiblemente a partir de grandes agujeros negros que sabemos que aún existen en la actualidad", asegura Kriek. Por otra parte, para poder ser testigos de su desarrollo "con detalle", los astrónomos utilizaron una cámara con un ancho de campo de nivel 3 que se halla instalada en el telescopio de la NASA. En opinión de los expertos, los antepasados de estas constelaciones debían de tener unas propiedades espectaculares, "ya que se formaron a partir de una ingente acumulación de estrellas".

Por último, esta investigación revela que la mayoría de las galaxias luminosas en el universo temprano "son muy compactas", pero que "sorprendentemente" presentan masas estelares similares a las que tienen las galaxias elípticas en la actualidad. Así sus autores consideran que estas jóvenes nebulosas serán una pieza "fundamental" para la resolución de este "rompecabezas".

El reciente golpe recibido por Júpiter en un impacto cósmico es un violento recordatorio de que nuestro Sistema Solar es una galería de tiro que a veces impacta contra la Tierra.

Aún así, ¿cuáles son las posibilidades de que un impacto cósmico amenace nuestro planeta?Hasta el momento se han detectado 784 objetos cercanos a la Tierra (NEOs) de más de 1 kilómetro.

“Si un objeto de aproximadamente el mismo tamaño del que acaba de impactar con Júpiter alcanzara la Tierra – fue un objeto cometario común de un kilómetro aproximadamente — sería bastante catastrófico”, explicó el astrónomo Donald Yeomans, director del programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California.

Los científicos han descartado las posibilidades de impacto para todos estos 784 grandes NEOs. Aún así, objetos menores también suponen un riesgo y los investigadores estiman que quedan por descubrirse más de 100 NEOs grandes.

Pequeño riesgo

Hace miles de millones de años, los impactos eran mucho más comunes. Nuestra Luna guarda un registro del bombardeo que sufrieron ella y la Tierra: los cráteres de la Luna permanecen, mientras que la Tierra, la mayor parte de las cicatrices de antiguos impactos han sido plegadas al interior del planeta o erosionadas.

El Sistema Solar actual, está mucho menos abarrotado, y de hecho Júpiter, al tener más masa y gravedad, atrae una gran cantidad de los objetos peligrosos, así como el Sol.

Actualmente sólo un NEO de todos los objetos que los científicos siguen tiene alguna posibilidad significativa de impactar con la Tierra — 2007 VK184. Si este asteroide de aproximadamente 130 metros impactase con nuestro planeta, lo haría con una energía de aproximadamente 150 millones de toneladas de TNT, o más de 10 000 veces la de la bomba atómica de Hiroshima.

Aproximadamente 100 observaciones telescópicas hechas hasta el momento sugieren que 2007 VK184 tiene una posibilidad entre 2940 de impactar la Tierra en 40 o 50 años. No obstante, si el pasado es una guía, posteriores observaciones para refinar los cálculos de su órbita muy probablemente rebajarán esta posibilidad de impacto a virtualmente ninguna, dice Yeomans.

La preocupación restante es la de los NEOs que no vemos. Los investigadores sospechan que aproximadamente 156 grandes NEOs de 1 kilómetro de diámetro o mayor quedan por encontrarse, y cuando se trata de NEOs peligrosos en general, “en lo que respecta a 140 metros o mayores, creemos que hemos descubierto aproximadamente un 15 por ciento, y de 50 metros o mayores, menos de un 5 por ciento”, explica Yeomans.
De media, un NEO de aproximadamente 800 metros de diámetro o mayor impacta la Tierra cada 500 000 años, “por lo que no esperamos ninguna próximamente”, explicó Yeomans.

“Para 500 metros, estamos hablando de un intervalo de aproximadamente 100 000 años”, añade. “Cuando bajas hasta 50 metros, el intervalo medio es de unos 700 años, y para 30 metros, unos 140 años aproximadamente, pero para cuando se llega a ese tamaño no se espera que cause daños en el terreno, dado que se queman en la atmósfera cuando tienen aproximadamente 25 metros de diámetro o menos, probablemente en un impresionante evento de bola de fuego”.

Cuando se trata de NEOs realmente monstruosos de 10 kilómetros o mayores, del tamaño que se cree que aniquiló a los dinosaurios, “ese es un evento que sucede cada 100 millones de años y, de hecho, no creo que haya nada como eso que podamos ver ahora”, dijo Yeomans. “La mayor NEO que pude cruzarse con el camino de la Tierra, Sisyphus, tiene un diámetro de 8 kilómetros, y es el más grande con un peligro potencial es Toutatis, que tiene un diámetro aproximadamente de 5.4 km”.

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Actualmente hay cuatro equipos en todo el mundo buscando activamente NEOs tanto grandes como pequeños, dijo Yeomans. “Nos estamos concentrando en los más grandes por ahora, pero esperamos que con la nueva generación de búsqueda seremos más eficientes al encontrar objetos menores, para encontrar el 90 por ciento de la población total de peligros potenciales mayores de 140 metros”, añade.

Mantener un ojo sobre los NEOs no sólo puede ser saludable para la humanidad, sino también nos ayudaría en el espacio exterior.

“Son objetivos fáciles a los que llegar, y los asteroides tienen unos recursos en metal significativos que pueden ser extraídos, mientras que los cometas son una significativa fuente de agua para hábitats espaciales o viajes”, comenta Yeomans. “Si quieres construir un hábitat en el espacio, no vas a construirlo completamente en el suelo y luego lanzarlo, dado que es demasiado caro — en lugar de esto prefieres ir arriba y buscar recursos”.

Además, los asteroides y cometas están entre los objetos que han cambiado menos desde el nacimiento del Sistema Solar hace aproximadamente 4600 millones de años, y podrían revelar pistas vitales tras el misterioso proceso.

“Pueden perfectamente haber traído a la Tierra el agua y las moléculas orgánicas que permitieron la formación de la vida, por lo que es extremadamente importante estudiarlos en esta dirección”, agrega Yeomans.

El Vehículo de exploración Opportunity ha descubierto el mayor meteorito hallado en la superficie de Marte hasta el momento. Es un fragmento de hierro, del tamaño de un balón de playa y los investigadores esperan encontrar signos de corrosión que aporten indicios sobre la historia del agua en el planeta rojo. El 18 de julio el Opportunity avistó la roca en Meridiani Planum, una llanura cubierta de arena que ha estado explorando desde su llegada al planeta rojo en 2004. El llano está plagado de pequeñas rocas que se creen procedentes del impacto del meteorito que originó el cráter Victoria, de unos 800 metros de diámetro.El fragmento ha sido bautizado como 'Block Island', en honor una isla de Nueva Inglaterra, y tiene una altura de más de medio metro y una anchura de 30 centímetros. Los investigadores utilizarán un espectrómetro de rayos alfa para confirmar su composición y procedencia. Pese a estar cubierto de polvo, la roca es brillante en las zonas más limpias.

Otro fragmento, llamado 'Heat Shield Rock', era el más grande hallado en el planeta, con una altura de 30 centímetros, y fue encontrado en la misma región que 'Block Island', por lo que se cree que ambos formaron parte de un mismo meteorito.

Según explicó la NASA, la parte izquierda de 'Block Island' es muy similar a 'Heat Shield Rock', mientras que la derecha es más irregular. Aunque ambos fragmentos presentan diferentes niveles de níquel, los científicos afirman que las diferencias entre ambos se deben a las condiciones químicas y atmósfericas.

España, en colaboración con Finlandia y Rusia, lanzará en 2011 una cápsula para investigar las condiciones atmosféricas de la superficie de Marte y contribuir así a preparar los primeros vuelos tripulados al planeta rojo.

"Es un paso decisivo para facilitar en el futuro vuelos tripulados a Marte", ha explicado Héctor Guerrero, investigador del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y uno de los responsables españoles del proyecto "Mars MetNet Precursor Mission".

La cápsula, que se lanzará como carga secundaria de la misión rusa 'Phobos Sample Return' a finales de 2011, está previsto que llegue al planeta marciano un año después para situarse sobre su superficie.

Se trata, ha considerado el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Luis Vázquez, de una "misión complicada" porque "la atmósfera es tenue, cambia constantemente y los cálculos suelen fallar".

España, que se incorporó al programa en 2007, ha diseñado íntegramente varios de los instrumentos que la misión desplegará sobre Marte, como un magnetómetro, que permitirá muestrear el campo magnético terrestre, y un sensor de irradiancia solar, que medirá las regiones visible, ultravioleta e infrarroja.

Un enlace de comunicaciones ópticas inalámbricas y un sistema barredor con un sensor de polvo depositado completan la aportación española a este proyecto trilateral.

En total, son 135 gramos de carga útil tecnológica, que representan el 20% del peso de toda la instalación, y que servirán, por ejemplo, para investigar la concentración de ozono y vapor de agua en la atmósfera o realizar mediciones "in situ" del campo magnético.

Se espera que los datos obtenidos "arrojen luz" sobre la estructura y la composición internas de Marte, "inaccesibles" hasta ahora por las características del planeta rojo. Los datos serán enviados a las estaciones de espacio profundo de Robledo de Chavela (Madrid) y de Cebreros (Ávila).

Para el máximo responsable de la misión, Ari-Matti Harri, del Instituto Finés de Meteorología, se trata de una misión de "bajo coste" con un presupuesto de 30 millones de euros, de los que España ha aportado alrededor de cinco millones.

"Desde el descubrimiento de América siempre ha existido un hallazgo importante cada sesenta años", ha asegurado Vázquez, por lo que ha confiado en que el hombre llegue a Marte antes de 2030.

En este sentido, Guerrero ha asegurado que el planeta rojo, "que ya fascinaba a los egipcios", será "la solución" dentro de 500 ó 1.000 años "si en la Tierra nos va mal".

Cualquier viaje tripulado a Marte tendría que permanecer en el planeta rojo más de dos años, pues la Tierra, el Sol y Marte se ponen en oposición cada 26 meses y son "las ventanas para viajar", según Vázquez.

Con la experiencia del primer lanzamiento, los responsables del proyecto esperan enviar una segunda sonda, que llegaría a Marte en 2015, y sumar a "medio plazo" otras dieciséis cápsulas.

Para Vázquez, la investigación espacial en Marte es una "carrera de fondo", que animará la investigación, porque "la sociedad española, a diferencia de lo que sucede en otros países, aún no ve héroes en sus científicos".

El consorcio español está constituido por la Universidad Complutense y la Carlos III de Madrid, la Universidad de Sevilla, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el INTA.

Circula por internet un bulo que ha durado varios años (y los que durará) y que estoy seguro que ha recorrido el mundo varias veces. Se trata de la supuesta noticia en la que se comenta que el día 27 de agosto Marte estará en su punto de máximo acercamiento a la Tierra y por tanto su tamaño será similar a la Luna. De esta forma, la Luna y Marte formarán una pareja de “lunas” vistas desde la Tierra. Obviamente, esto es falso e incluso la NASA le dedicó un artículo de Ciencia@NASA para desmentirlo. Aquí teneis el artículo:

Dos Lunas en el Cielo


La próxima vez que este acontecimiento se producirá, está previsto para el año 2.287
El origen de esta noticia no es tan descabellada como podría pensar uno en un momento ya que en agosto del 2003 sí que se produjo el máximo acercamiento entre Marte y nuestro planeta. Es más, cada 26 meses se da un máximo de proximidad entre los dos, pero cada vez a una distancia diferente. La distancia entre los dos planetas en el 2003 sí que fue similar a la indicada en la noticia. Sin embargo, aunque se diera este máximo acercamiento, Marte jamás podría ser visto de un tamaño similar al de la Luna. Para ver esto último vamos a ejercitar un poco la física.

Para que Marte se vea de un tamaño similar a la Luna pueden suceder dos cosas, o que Marte sea muy grande y esté lejos, o que esté muy cerca y sea pequeño. El ejemplo más claro de ambas posibilidades lo tenemos en la Luna y el Sol. Como todo el mundo sabe la Luna es muchísimo más pequeña que el Sol, pero sin embargo, ambos cuerpos tienen aproximadamente el mismo tamaño en el cielo (de ahí que puedan ocurrir eclipses totales de Sol). ¿Cómo es esto posible? Pues simplemente porque el Sol está mucho más lejos de nosotros que la Luna. Haciendo cálculos podemos comprobar como la relación entre la distancia y el diámetro del cuerpo es prácticamente igual para el caso de la Luna y el Sol. El Sol es 400 veces más grande que la Luna, pero está 389 veces más lejos, de ahí que el ángulo sólido que ocupan en el cielo sea prácticamente el mismo.

Una vez visto esto, vamos a ver cómo debería ser Marte para que se viera igual que la Luna.

La primera opción sería que Marte estuviera muy cerca y que por tanto se viera muy grande en el cielo. Esto es precisamente lo que dice la falsa noticia. Suponiendo que el tamaño de Marte es el real y haciendo una simple regla de tres, obtenemos que Marte, para que se viera igual de grande que la Luna, debería estar a una distancia de 750.000 km lo que se corresponde con casi 2 veces la distancia Tierra-Luna. Los 55 millones de km de los que se habla en el evento parece que tampoco son demasiado acertados. De todas formas, si Marte estuviera tan cerca de nosotros, no sería un planeta sino que sería nuestra segunda luna. Demostrado por tanto que no puede darse este caso.

La otra posibilidad es que Marte por alguna extraña razón aumente su tamaño para el día 27 de agosto. Bueno, suponiendo que lo hiciera, vamos a comprobar cómo sería su diámetro. Para estimarlo necesitamos la distancia a la que Marte se encontraría de la Tierra, y para hacer las cosas más fáciles a los crédulos vamos a suponer que están en el máximo acercamiento, es decir, la distancia Tierra-Marte sería la distancia mínima Marte-Sol menos la distancia máxima Tierra-Sol. Esto nos da un valor de unos 57 millones de km, un poco más de lo que pone en la falsa noticia. Pues bien, en este caso, para que Marte se viera en el cielo igual de grande que la Luna, Marte debería tener un diámetro de 516.000 km, lo que corresponde a 76 veces su tamaño original. Aunque lo más cómico es que sería casi 4 veces mayor que Júpiter o casi un tercio del tamaño del Sol.

En fin, que no hay por donde cogerlo. Es completamente imposible que Marte se vea en el cielo de un tamaño igual al de la Luna. Mi recomendación para ver Marte bien grande es que os hagáis con un telescopio y aprovechéis una noche despejada. Y como siempre hay algún crédulo os dejo con una fotografía de la Luna y Marte del día 31 de mayo del 2005, varios meses antes del máximo acercamiento del año. Marte es ese pequeño puntito…

Un equipo internacional liderado por astrofísicos españoles ha descubierto que el origen de algunos de los elementos radioactivos encontrados en los meteoritos más primitivos, cuyo origen data de la época de formación del Sistema Solar, pudo proceder de una estrella de seis masas solares atravesando la última fase de su vida a su paso por la vecindad solar.
La incógnita del origen de los componentes radioactivos hallados en los meteoritos más primitivos, aquellos que se remontan a la formación de nuestro Sistema Solar, parece tener una nueva respuesta. Un grupo internacional de astrofísicos, liderado por investigadores españoles, ha llegado a la conclusión de que esos isótopos radioactivos podrían proceder de una antigua estrella del tamaño de seis masas solares en los últimos momentos de su vida. Estos elementos podrían haber desempeñado un papel esencial en la evolución de los primeros bloques constitutivos de los planetas rocosos que forman el Sistema Solar.
Desde su descubrimiento en los años sesenta del siglo pasado, el origen de los elementos radioactivos que se incorporaron a los primeros materiales sólidos que formaron los meteoritos ha sido un tema muy debatido por los astrónomos. Los meteoritos más primitivos han preservado en su interior esos materiales primigenios dado que proceden de asteroides pequeños que nunca llegaron a convertirse en planetas. Son, por lo tanto, el único registro tangible del origen del Sistema Solar. Hasta la fecha, se había pensado que esos núcleos radioactivos, especialmente el aluminio (26Al) y el hierro (60Fe), podrían proceder de una supernova cercana que habría dispersado estos elementos en el momento de su explosión, aunque esta teoría no parecía ajustarse totalmente a las observaciones realizadas. Según Josep M. Trigo, investigador del CSIC y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, “este nuevo estudio proporciona el primer modelo astrofísico que reproduce las abundancias de estos elementos en los primeros meteoritos, llamados condritas, sin necesidad de invocar la presencia de una supernova en la vecindad solar, en los momentos iniciales de la formación del Sistema Solar”.
En su lugar, los resultados obtenidos por el nuevo estudio sugieren que una vieja estrella cercana equivalente a seis soles, mucho menos energética y masiva que una supernova, pudo bastar para proporcionar los principales núcleos radioactivos retenidos en los meteoritos primitivos. “Gracias a este trabajo se ha comprobado que la proporción de isótopos radioactivos estimados en nuestros modelos de una estrella de seis masas solares coincide a la medida en los meteoritos primitivos”, señala Aníbal García Hernández, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
Formación planetaria
En general, las estrellas mayores que el Sol conforme envejecen queman en su interior elementos cada vez más pesados, desde el hidrógeno hasta el hierro. En este proceso las estrellas aumentan su tamaño y algunas llegan a convertirse en gigantes rojas (estrellas en la rama asintótica de las gigantes o AGB de sus siglas en inglés), mientras que otras, las más masivas, por encima de 8 veces la masa del Sol, acabarían sus vidas explotando como supernovas. Ambos tipos de estrellas se hacen inestables al final de sus días, hasta que, en sus últimos latidos, expulsan al espacio las capas más externas de su atmósfera. Estos residuos son los ladrillos a partir de los cuales se construyen nuevas generaciones de estrellas y planetas.
Según el estudio, los elementos radioactivos sintetizados en el interior de estrellas gigantes rojas cercanas, con masas aproximadamente seis veces mayor que la del Sol, habrían participado enriqueciendo la nebulosa a partir de la cual se formó el Sistema Solar sin necesidad de la contribución de estrellas más masivas, que habrían producido supernovas, como hasta ahora se suponía. La desintegración de esos isótopos en el interior de los primeros cuerpos o protoplanetas sería responsable del calentamiento interno que ayudó a que los primeros minerales se fundiesen y recristalizasen para dar lugar a los planetas rocosos y grandes asteroides. “El trabajo demuestra que de ese modo las abundancias de los principales núcleos radioactivos medidas en meteoritos serían perfectamente consistentes con los producidos por este tipo de estrellas”, señala Arturo Manchado, investigador del IAC.
En el estudio, que se acaba de publicar en la revista especializada Meteoritics & Planetary Science, han participado los investigadores españoles Josep M. Trigo, del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), Aníbal García Hernández y Arturo Manchado, del Instituto de Astrofísica de Canarias, Pedro García Lario del European Space Astronomy Centre (ESAC) de Madrid, María Lugaro y Mark van Raai de la Universidad de Utrecht, así como Amanda Karakas del Observatorio Mount Stromlo de Australia.


Desde el Observatorio Europeo del Sur, en Chile, un equipo de astrónomos alemanes acaba de confirmar que en el centro de nuestra galaxia hay un agujero negro.
El descubrimiento, publicado en The Astrophysical Journal, asegura que el agujero es cuatro millones de veces más pesado que nuestro Sol. Y fue hallado al detectar el movimiento de 28 estrellas que giran alrededor del centro de la Vía Láctea.
Los agujeros negros son objetos cuya gravedad es tal, que nada, incluso la luz, puede escaparse de ellos. El que nos ocupa se encuentra a 27.000 años luz, o lo que es lo mismo, a 254.000 millones de millones de kilómetros de la Tierra.
“Sin duda, el aspecto más espectacular de este estudio de 16 años es que ha dado como resultado lo que se considera la mejor evidencia empírica de que los agujeros negros súper masivos realmente existen”, aseguró el Profesor Reinhard Genezl, director del equipo de científicos.
"Las órbitas estelares en el centro galáctico muestran que la concentración central de masa de cuatro millones de masas solares debe ser, sin ninguna duda, un agujero negro”, concluyó.

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Isaac Asimov

Isaac Asimov
Prolífico y destacado autor de obras literarias de ciencia ficción y divulgación científica.

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