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Los investigadores en inteligencia artificial a menudo idealizan las Leyes de la Robótica de Isaac Asimov como indicadores de la interacción robot-humano. Pero algunos expertos en robótica dicen que la idea podría usar una remodelación práctica para reconocer las actuales limitaciones de los robots.

Los robots auto-conscientes que habitan las historias de Asimov y otras tales como “2001: Odisea en el Espacio” y “Battlestar Galactica” siguen en el futuro lejano. Los robots actuales aún carecen de cualquier tipo de autonomía real para tomar sus propias decisiones o adaptarse inteligentemente a nuevos entornos.

Pero el peligro surge cuando los humanos empujan a los robots más allá de sus actuales límites de toma de decisiones, advierten los expertos. Esto puede llevar a errores e incluso a tragedias implicando a robos en fábricas o en operaciones militares, cuando los humanos olvidan que toda la responsabilidad ética y legal aún descansa sobre los hombros del homo sapiens.

“La fascinación por los robots ha llevado a alguna gente a tratar de evitar la responsabilidad de decisiones complejas, con consecuencias potencialmente malas”, dijo David Woods, ingeniero de sistemas en la Universidad Estatal de Ohio.

Woods y un compañero investigador propusieron revisar las Tres Leyes para enfatizar la responsabilidad humana sobre los robots. También sugirieron que los manejadores de los robots en Tierra podrían tomar pistas de la NASA cuando se trata de interacción robot-humano.

Actualizando a Asimov

Las Tres Leyes de Asimov están fijadas en un futuro en el que los robots pueden pensar y actuar por sí mismos. La primera ley prohíbe que los robots dañen a los humanos o que los humanos queden dañados por inacción, la segunda ley requiere que los robots obedezcan las órdenes de los humanos salvo que entre en conflicto con la primera ley. La tercera ley requiere que los robots protejan su propia existencia, excepto cuando hacer esto entre en conflicto con las dos leyes anteriores.

Corea del Sur ha usado estas “leyes” como una guía para su Carta de Ética Robótica, pero Woods y sus colegas creen que carecen de algunos puntos vitales.

Woods trabajó junto con Robin Murphy, experto en robótica de rescate de la Universidad Texas A&M, para crear tres leyes que reconozcan a los humanos como los adultos inteligentes responsables de las relaciones robot-humano. Su primera ley dice que los humanos no deben desplegar robots sin un sistema de trabajo que cumpla con los mayores estándares profesionales y legales de seguridad y ética. Una segunda ley revisada requiere que los robots respondan a los humanos de forma adecuada a sus papeles, y se asume que los robots están diseñados para responder a ciertas órdenes de un número limitado de humanos.

La tercera ley revisada propone que los robots deben tener suficiente autonomía para proteger su propia existencia, siempre que tal protección no entre en conflicto con las dos leyes anteriores y permita una transferencia suave de control entre humano y robot. Esto significa que el róver de Marte debería saber automáticamente que no debe ir hacia un acantilado, salvo que los operadores humanos le digan específicamente que lo haga.

Woods y Murphy ven necesaria tal revisión dado que los fabricantes de robots no reconocen la responsabilidad humana sobre los robots. Murphy dijo que tal actitud procede de la cultura del software de ordenador, donde la responsabilidad conlleva menos consecuencias que crear una máquina la cual termine hiriendo a los humanos o dañando una propiedad.

“Lo que sucede es que vemos a robotistas que nunca han fabricado o trabajado en el mundo físico, y no se dan cuenta de que son los responsables”, dijo Murphy a SPACE.com. “Al final del día, si haces algo, es tu problema”.

Esto contrasta con la actitud de la “cultura de la seguridad” de la NASA y la aproximación metódica que prueba cuidadosamente los róvers y sondas robóticas, reconoce los límites de los robots e intenta asegurar que los operadores humanos puedan saltar rápidamente al asiento del conductor cuando sea necesario.

El camino de la NASA

Tanto Woods como Murphy dijeron que se sienten muy cómodos con la aproximación de la NASA a las interacciones robot-humano, ya sea implicando a brazos robóticos en la Estación Espacial Internacional o a la sonda Cassini haciendo su tour por el sistema de Saturno.

“Comprenden cómo de valiosos son los recursos robóticos”, explicó Woods. “Saben que habrá sorpresas en la exploración espacial”.

Murphy señala que la aproximación de la NASA a los robots procede de la tradición de IA donde la gente no hace suposiciones sobre tener un control perfecto sobre todo. El lugar de esto, la agencia espacial ha usado sistemas de IA que pueden funcionar bien dentro de los patrones normales de operación, y aún así pueden depender de asistencia humana para las situaciones más inciertas.

Esta aproximación ha funcionado bien en el caso de la NASA en muchas ocasiones. Por ejemplo, los científicos han hecho hábiles maniobras con los róvers de Marte Spirit y Opportunity, cuando los robots encuentran problemas impredecibles en el terreno y clima marciano.

Por el contrario, algunos investigadores sin un trasfondo de IA asumen que pueden programar robots que tengan un modelo o visión completa del mundo, y que pueden comportarse adecuadamente para cualquier situación dada. Esto coincide con la tentación de suponer que dar a los robots más autonomía significa que pueden manejar la mayor parte, o todas, las situaciones por sí mismos.

Murphy advirtió que tal aproximación de “mundo cerrado” sólo funciona en ciertas situaciones que presentan opciones limitadas para una IA. No importa cuánta programación incluyan los robots, el mundo real abierto representa un agujero lleno de trampas y escenarios inesperados.

Transferencia de control

La NASA indudablemente aún quiere ver que los robots pueden tomar más responsabilidad, especialmente durante misiones cuando las sondas viajan más allá de la Luna o Marte. Los investigadores han empezado a desarrollar la siguiente generación de robots que podrían algún día tomar las decisiones más básicas al explorar mundos como Europa o Titán.

Pero por ahora, la NASA ha reconocido que los robots aún necesitan supervisión humana – un concepto que algunos fabricantes y operadores de la Tierra tienen problemas para aceptar. Situaciones inesperadas tales como un mal funcionamiento del robot o sorpresas ambientales que pueden requerir que los humanos recobren rápidamente el control del robot, por un fallo a la respuesta correcta.

“Ahora mismo, lo que vemos una y otra vez es que transferir el control es un problema”, señala Murphy. Observa cómo los operadores humanos rápidamente entran en problemas al manejar robots en “Disaster City” de Texas A&M”, un área de simulación de entrenamiento para rescate. Parte del problema también surge cuando la gente no sabe las capacidades de su robot.

La NASA se permite el lujo de tener un equipo de científicos vigilando sus exploradores robóticos, en lugar de sólo operadores humanos. Pero los controladores de misión también mantienen una alta conciencia de los límites de sus exploradores robóticos, y saben cómo tomar suavemente el control.

“Comprenden que cuando tienen seguridad o bajo riesgo, pueden delegar más autonomía en el robot”, dijo Woods. “Cuando pasan cosas inusuales, restringen la autonomía”.

Woods comparó la situación a los padres que colocan un perímetro de seguridad dentro del cual los niños pueden explorar. Esta analogía puede continuar sirviendo tanto para la NASA como para otros manejadores de robots.

“La gente está dando este salto de fe sobre que la autonomía de los robots aumentará y resolverá nuestros problemas”, añade Woods. “Pero no hay muchas pruebas sobre que la autonomía por sí misma eliminarán estas decisiones difíciles y de alto riesgo”.

El Centro de Investigación de la NASA ha desarrollado un escudo térmico hinchable para proteger los vehículos espaciales durante la reentrada. El proyecto, bautizado como Inflatable Re-entry Vehicle Experiment (IRVE, por sus siglas en inglés), permitirá aligerar la carga que transportan las naves dirigidas a Marte, haciendo posible un aumento de la carga de los 'Mars Rovers'.

El peso de los escudos actuales, fabricados a partir de carbono, limita el peso de los vehículos exploradores enviados al espacio, ya que los cohetes sólo pueden despegar con un máximo de carga. Asimismo, el tamaño de los escudos está limitado por las dimensiones de los cohetes que tienen que transportarlos.

Durante un experimento realizado por la NASA, un cohete Black Brant 9 transportó este nuevo escudo hinchable a una altitud de 211 kilómetros. Menos de un minuto después, éste se liberó de su cápsula y comenzó a inflarse a casi 200 kilómetros, un proceso que lleva menos de 90 segundos.

"Ha sido un gran éxito", declaró Mary Beth Wusk, directora del proyecto. "El IRVE ha sido una demostración a pequeña escala, ahora que el concepto ha quedado demostrado nos gustaría construir cápsulas más avanzadas capaces de soportar de más cantidad de calor". La idea de usar este tipo de tejidos ha estado en la mente de los investigadores durante años, pero no estaban seguros de que los materiales con que contaban pudieran soportar la reentrada.

Las capas superiores del escudo térmico se han fabricado con un tejido de fibras de cerámica, que recubre un interior hecho de un polímero llamado Kevlar y cubierto de silicona, que define y mantiene su forma. La cápsula contenedora del escudo está envasada al vacío en un cilindro de 16 centímetros, y una vez se despliega, se hincha con nitrogeno hasta alcanzar tres metros de anchura.

Una vela solar de tamaño decente podría acelerar fuera del Sistema Solar en muy poco tiempo, lo cual genera nuevos retos para los navegantes.

Si alguna vez viajamos a una distancia decente de la Tierra, tendremos que romper nuestra dependencia de los sistemas de propulsión química: simplemente no es posible llevar suficiente combustible químico para lograr un impulso decente.

Una alternativa interesante es la vela solar, la cual usa la fuerza de la presión de radiación solar para acelerar. Mediante un cálculo, una vela solar con un radio de aproximadamente un kilómetros y una masa de 300 kg (incluyendo 150 kg de carga) tendría un pico de aceleración de 0,6g en una trayectoria parabólica si fuese liberada a 0,1 UA del So (donde la presión de radiación es más alta).

Este tipo de aceleración la llevaría más allá del cinturón de Kuiper, en la heliopausa, el límite entre el Sistema Solar y el espacio interestelar, en apenas 2,5 años; una distancia de 200 UA.

En 30 años, podría viajar 2500UA, lo suficiente para explorar la Nube de Oort.

Pero tal viaje puede no ser coser y cantar, especialmente en lo que respecta a la navegación, dice Roman Kezerashvili y Justin Vazquez-Poritz, físicos de la Universidad de New York. Dicen que la física Newtoniana común no es válida para este tipo de viaje.

El problema es que la vela tendría que lanzarse tan cerca del Sol que los efectos de la relatividad general tales como la precesión del perihelio de los objetos orbitales tienen que tenerse en cuenta. E incluso aunque estos efectos fuesen relativamente pequeños en el inicio, tienen un gran significado a lo largo de grandes distancias.

Los cálculos llevados a cabo por Kezerashvili y Vazquez-Poritz demuestran que los efectos de la relatividad general podría sacar de su curso a una vela solar en hasta un millón de kilómetros en el tiempo que alcanza la Nube de Oort e incluso las diminutas fuerzas relativistas tales como el arrastre de marcos pueden causar un desvío de mil kilómetros.

Lo que estos chicos están diciendo es que los navegantes interestelares tendrán que ser muy competentes en la nueva disciplina de la navegación relativista.

No obstante, esto no pasará en un tiempo. La estimación más optimista para el lanzamiento de una de tales misiones está en torno a 2040.

No es ciencia-ficción, sino el futuro de la robótica. PHRIENDS (acrónimo de 'Physical Human-Robot Interaction: depENDability and Safety') es un proyecto financiado por la UE sobre la interacción humano-robot, llevado a cabo por el centro de investigación 'Enrico Piaggio' de la Universidad de Pisa.

Antonio Bicchi, ingeniero coordinador del proyecto, afirma que con sus colaboradores están estudiando las condiciones para una interacción más segura entre el ser humano y la máquina. "Nuestro objetivo es desarrollar componentes fundamentales para una nueva generación de robots, con los cuales compartir un ambiente de trabajo sin riesgos".

Las máquinas del futuro incorporarán elementos de seguridad en su propio diseño, que les impedirán provocar daños a los humanos, permitiendo una interacción codo con codo.

"La seguridad estará garantizada por su estructura física, y no por sensores exteriores o algoritmos que puedan fallar", explica el científico.

Los resultados de esta investigación encontrarán aplicación en diferentes sectores: desde la industria, la logística y el reciclaje, hasta la cirugía y la rehabilitación.

Proyecto europeo

El proyecto empezó el 1 octubre 2006 y terminará el 30 septiembre 2009. Tres de los seis institutos que participan son italianos: el centro de investigación 'Enrico Piaggio' (coordinador del proyecto), el "Dipartimento di Informatica e Sistemistica" de la Universidad 'La Sapienza' de Roma y el "PRISMA Lab" de la Universidad de Nápoles 'Federico II'.

También colaboran el francés "Laboratiore d'Analyse et d'Architecture des Systèmes/National Centre of Scientific Research", y los alemanes "Institute of Robotics and Mechatronics" y "KUKA Roboter GmbH".

PHRIENDS ha abierto el camino a otro proyecto paralelo financiado por la UE: VIACTORS (Variable Impedance ACTuation systems embodying advanced interaction behaviORS), que empezó el 1 febrero 2009 y continúa la investigación sobre la estructura de los robots y su capacidad para cumplir determinadas prestaciones.

VIACTORS, que hasta la fecha ha supuesto una inversión de 3.350.000 euros (contra los 2.158.000 de PHRIENDS), pretende construir robots que, además de ser más ligeros, tengan una estructura parecida a la de los músculos humanos: blanda cuando se muevan rápido, y rígida cuando cumplan tareas que necesiten precisión.

"Hoy en día, la seguridad en el trabajo sólo se garantiza con la separación (de los espacios de acción) entre humano y máquina. De hecho, son muchísimos los accidentes en las industrias donde los obreros trabajan en estrecho contacto con máquinas", asegura Bicchi.

La característica más revolucionaria de la próxima generación de robots será la interacción directa con el ser humano, y es una apuesta que se juega, ante todo, en el campo de la seguridad industrial.

La 'Revolución de Copérnico' de la róbotica

Estamos todavía muy lejos de ver cosas como las que nos propone la literatura de ciencia-ficción, sin embargo, podemos encontrar una similitud entre las obras de Isaac Asimov y PHRIENDS. Los aficionados del escritor ya habrán pensado en la 'primera ley de la robótica': "Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño".

Según Bicchi "nos estamos enfrentando a un cambio muy importante por el desarrollo de esta ciencia".

La róbotica clásica se pone como primer objetivo determinar el tipo de prestación solicitada al robot, y a partir de esta, construir la máquina. Solo en un segundo momento se resuelven los problemas de seguridad, programando algoritmos y aplicando sensores exteriores, pero estos pueden fallar.

Lo que se propone PHRIENDS es una verdadera 'revolución de Copérnico': se trata de invertir el esquema de proyección clasico, poniendo el enfoque sobre la seguridad.

Bicchi lo tiene claro: "Queremos crear robots que sean intrínsecamente seguros para después ocuparnos de lo que tengan que hacer. La seguridad estará incorporada en la estructura de los robots, y no como una aplicación externa"

Un equipo de investigadores de la Universidad de Yale ha descubierto una fuerza de la luz “repulsiva” que puede usarse para manipular componentes en microchips de silicio, lo que significa que futuros nanodispositivos podrían estar controlados por la luz en lugar de la electricidad.El equipo descubrió anteriormente una fuerza de la luz “atractiva” que podría manipularse para mover componentes en interruptores semiconductores de diminutos sistemas micro y electro mecánicos en un chip. Los científicos han descubierto ahora una fuerza repulsiva complementaria. Los investigadores habían teorizado la existencia de ambas fuerzas desde 2005, pero la segunda había estado sin demostrarse hasta ahora. El equipo, liderado por Hong Tang, profesor asistente en la Escuela de Ingeniería y Ciencia Aplicada de Yale, informa de sus hallazgos en la publicación on-line avanzada del 13 de julio de Nature Photonics.

“Esto completa el cuadro”, dijo Tang. “Hemos demostrado que esta es una fuerza de luz bipolar con componentes atractivos y repulsivos”.

Las fuerzas de luz atractivas y repulsivas que descubrió el equipo de Tang son distintas fuerza de presión de radiación de la luz, la cual empuja un objeto cuando la luz brilla sobre él. En lugar de esto, empujan o tiran en los laterales de la dirección en la que viaja la luz.

Anteriormente, los ingenieros usaron la fuerza atractiva que descubrieron para mover componentes de un chip de silicio en una dirección, tal como tirar de un interruptor a nanoescala para abrirlo, pero fueron incapaces de empujarlo en la dirección opuesta.

Usar ambas fuerzas significa que ahora tienen control completo en ambas direcciones. “Hemos demostrado que estas son fuerzas ajustables que podemos usar en ingeniería”, dijo Tang.

Para crear la fuerza repulsiva, o el “empujón”, en un chip de silicio, el equipo dividió un rayo de luz infrarroja en dos rayos separados y forzó a cada uno a viajar una longitud distinta de un nanocable de silicio, llamado guía de onda. Como resultado, los dos rayos de luz quedan desfasados uno respecto al otro, creando una fuerza repulsiva con una intensidad que puede controlarse – cuanto más desfasado estén los dos rayos, mayor será la fuerza.

“Podemos controlar cómo interactúan los rayos de luz”, dijo Mo Li, asociada de posdoctorado en ingeniería eléctrica en Yale y autor principal del artículo. “Esto no es posible en el espacio libre – sólo es posible cuando la luz está confinada en las guías de onda de nanoescala que se colocan muy cerca entre sí en el chip”.

“La fuerza de la luz es intrigante debido a que funciona de forma opuesta a los objetos cargados”, dijo Wolfram Pernice, otro profesor de posdoctorado en el grupo de Tang. “Las cargas opuestas se atraen entre sí, mientras que los rayos de luz desfasados se repelen en este caso”.

Estas fuerzas de luz pueden algún día controlar dispositivos de telecomunicaciones que requerirían mucha menos energía pero serían mucho más rápidos que sus homólogos actuales, comenta Tang. Un beneficio añadido de usar luz en lugar de electricidad es que puede ser enviada a través de un circuito sin casi interferencia en la señal, y se elimina la necesidad de un gran número de cables eléctricos.

Como salidos de una película de ciencia-ficción, este lunes se presentaron en Japón esqueletos robóticos que mejoran la movilidad y ayudan a sus portadores a llevar cargas pesadas. Para mostrar su funcionamiento, tres personas disfrutaron de un paseo por el centro de Tokio llevando partes de este esqueleto. Asistidos por piernas mecánicas, recorrieron unos 50 kilómetros desde la Universidad de Tsubuka hasta la capital nipona, intercalando tramos a pie, en taxi y tren.

La compañía japonesa Cyberdyne, responsable de su producción, afirma que los esqueletos, bautizados como HAL (Miembro híbrido de Ayuda por sus siglas en inglés) ayudarán a los débiles y a los lesionados a desplazarse. Fabricados en serie desde finales del año pasado sus principales destinos serán los hospitales y los centros de mayores. Los HAL también facilitan la movilidad y aumentan la fuerza para llevar objetos pesados.

Con un peso de unos diez kilos, este dispositivo se ata a la cintura y tiene una batería y un ordenador en su parte trasera. También tienen sensores para recoger las pequeñas señales eléctricas enviadas a la superficie de la piel desde el cerebro. Así, ayuda a los portadores a moverse tal y como están pensando.

Con una velocidad es de 1.8 kilómetros de media en sus desplazamientos, la compañía comenzó a alquilarlos en octubre y el coste de su uso durante un mes es de unos 1.500 euros. Los HAL forman parte de un proyecto del gobierno japonés para extender el uso de robots en asistencia.

La fuente de alimentación es tal vez el último cable que quede por cortar en un mundo de conexiones inalámbricas. Y puede que su fin no esté tan lejos. Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha conseguido transmitir energía entre dispositivos sin necesidad de cables. El hito, publicado en la revista Science, consistió en suministrar electricidad a una bombilla de 60W desde dos metros de distancia.
Estos expertos han dado con la clave para que la electricidad se transmita por el aire, lo mismo que hace el Wi-Fi con las conexiones a Internet. En concreto, han conseguido mantener encendida una bombilla de 60 vatios durante 24 horas situada a más de dos metros de distancia de la fuente de energía que la alimentaba, sin conexión física alguna. Los investigadores han llamado a su sescubrimiento "WiTricitY" (WiTricidad), de la unión de las palabras "wireless" (sin hilos) y "electricity".
El ingenio consiste en dos rollos de cobre, uno de los cuales, la unidad emisora, está físicamente conectado a una fuente de energía. En lugar de liberar esa energía a través de ondas electromagnéticas, el cobre llena el espacio circundante con un campo magnético no radiante que oscila a determinadas frecuencias. Es este campo el que hace posible el intercambio de energía entre la unidad emisora y la receptora, el segundo de los rollos de cobre.
Ambos rollos están acoplados y especialmente diseñados para resonar con el campo magnético, en cuyo interior se produce una fuerte interacción entre la unidad emisora y la receptora. Dos objetos resonantes acoplados, es decir, que vibran a la misma frecuencia, tienden a intercambiar energía de una forma eficiente. Gracias a este diseño, la transferencia de electricidad, que de forma natural tendería a disiparse, se concentra en un espacio limitado.
Peter Fisher, uno de los miembros del equipo del MIT, afirma que un ordenador portátil que estuviera en el interior de una habitación equipada con esta clase de energía inalámbrica se recargaría automáticamente, sin necesidad de estar enchufado. De hecho, ni siquiera necesitaría tener una batería para poder funcionar.

Científicos de Oxford crean una forma transparente de aluminio bombardeando el metal con un potente láser de rayos-X blandos (capaz de producir haces de fotones con longitudes de onda cien veces más cortas que las de la luz visible). Hasta ahora el ‘aluminio transparente’ solo existía en ciencia ficción (apareció en la película Star Treck IV) pero el material real es un nuevo y exótico estado de la materia con implicaciones en ciencia planetaria y fusión nuclear.
En la revista Nature Physics, un equipo internacional dirigido por científicos de la Universidad de Oxford informan que un pulso corto del láser FLASH ‘noqueó’ a un electrón del núcleo de cada átomo de aluminio de una muestra, sin alterar la estructura cristalina del metal. Esto convirtió al aluminio en casi invisible a la radiación ultravioleta extrema.
‘Lo que hemos creado es un estado de la material completamente Nuevo que nadie había visto con anterioridad’, comentó el profesor Justin Wark del Departamento de Física de la Universidad de Oxford, uno de los autores del trabajo. ‘El aluminio transparente es solo el comienzo. Las propiedades físicas de la materia que estamos creando son relevantes en el estudio de las condiciones internas de los grandes planetas, y también esperamos que estudiándolas podremos entender mejor lo que sucede durante la creación de las estrellas en miniatura que se generan en las implosiones inducidas por láseres de alta potencia, lo cual podría a su vez permitir que un día dominásemos la fusión nuclear aquí en la Tierra’.
El descubrimiento fue posible gracias al desarrollo de una nueva fuente de radiación que es 10.000 millones de veces más brillante que cualquier sincrotrón del mundo. El láser FLASH, con sede en Hamburgo, Alemania, produce pulsos extremadamente breves de luz de rayos X, cada uno de los cuales es más potente que la producción (en ese instante dado) de una planta eléctrica que suministre energía a una ciudad completa.
El equipo de Oxford, junto a sus colegas internacionales, enfocó toda esta energía en un punto cuyo diámetro es menor que una veinteava parte del espesor de un cabello humano. Con una intensidad así de elevada, el aluminio se hizo transparente.
A pesar de que el efecto de invisibilidad duró apenas un período extremadamente breve estimado en 40 femtosegundos, demostró que se puede crear ese estado de la materia exótico empleando fuentes de rayos X muy potentes.
El profesor Wark añadió: ‘Lo que resulta particularmente notable de nuestro experimento es que hemos convertido aluminio normal en esta nuevo material exótico realizando un único paso empleando este láser tan poderoso. Durante un breve instante la muestra pareció y se comportó en todos los aspectos como una nueva forma de la materia. En cierto sentido, la forma en que reaccionó fue similar a la de si hubiésemos cambiado todos los átomos de aluminio por silicio. Es casi tan sorprendente como descubrir que el plomo puede transformarse en oro usando luz.’
Los investigadores creen que esta nueva técnica es un método ideal para crear y estudiar estos exóticos estados de la materia, y que conducirá a nuevos y relevantes trabajos en campos tan diversos como la ciencia planetaria, la astrofísica y la generación de energía por fusión nuclear.

Investigadores de Estados Unidos han diseñado un dispositivo que puede convertirse en la alternativa a los códigos de barras. Se trata de los Bokodes, como han sido bautizados, y puede llevar miles de veces más de información que las tradicionales líneas y ser leídos por la cámara de un teléfono móvil. Con sólo tres milímetros de diámetro, estas etiquetas podrían contener información codificada sobre la nutrición de los alimentos y su caducidad o incluso servir para crear nuevos videojuegos.

El trabajo, según informa la BBC, será presentado en una conferencia en Nueva Orleans la semana próxima. "Creemos que nuestra tecnología iniciará una nueva forma de etiquetar", ha señalado a la BBC Ankit Mohan, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que está detrás del desarrollo de este sistema.

El Bokodes consiste en un LED (diodo emisor de luz), cubierto con una capa minúscula y una lente. La información se codifica gracias a la luz que brilla a través de la capa, que varía su intensidad dependiendo del ángulo desde el que es visto. «Es brillante u oscuro según cómo queremos codificar la información», afirma Mohan.

Los investigadores creen que el sistema tiene muchas ventajas sobre códigos de barras convencionales: sus etiquetas son más pequeñas, se pueden leer en diversos ángulos y, además, se descifran con la cámara de un teléfono móvil hasta a cuatro metros de distancia.

El Bokodes se puede utilizar en las industrias para no perder de vista objetos, pero también pueden ser usados en los supermercados. Por ejemplo, podían ser utilizados para codificar ofertas de alimentación. "Mírame, soy un dólar más barato", podría ser el mensaje que envíe un producto al consumidor.

También sería útil en las bibliotecas para localizar un libro con facilidad entre millares o para localizar información sobre restaurantes. Por ejemplo, un restaurante podría poner la información del menú de cada día dentro de esta etiqueta. Cuando un usuario cargara el Google Maps, esos datos serían exhibidos automáticamente al lado de la imagen del restaurante.

De momento, estos Bokodes son caros (3,5 euros la pieza), si bien los creadores creen que en el futuro no precisarán de energía: "Tenemos ya prototipos que son totalmente pasivos", asegura el experto, lo que los abaratará mucho.

No es la primera vez que las compañías buscan alternativas a los códigos de barras. En 2007, Microsoft lanzó sus códigos de barras de colores. La tecnología de la identificación de la radiofrecuencia (etiquetas electrónicas minúsculas que difunden la información codificada) fue otra de las propuestas. Aunque ahora tienen muchos usos, como en las reservas de libros en algunas bibliotecas, los pasaportes o billetes de transporte, estas últimas aún no han logrado desplazar a los códigos de barras tradicionales.

Últimamente las noticias nos llevan más a casos que hasta hace muy poquito sólo estaban en la cabeza de los amantes de la ciencia ficción y los guionistas de Hollywood. Este es uno de esos casos, el desarrollo de un casco que simulará sensaciones y vivencias que técnicamente serán indistingibles de las reales.
Hasta ahora, la realidad virtual únicamente permitía estimular algunos sentidos por separado, por lo general la vista y el oído, éste era su límite, pero esto puede cambiar en un futuro muy cercano gracias a un proyecto desarrollado por universidades británicas con el que se podría llegar a estimular los cinco sentidos a la vez.
Estamos ante la “virtualidad real”, viajar desde el sofá o ser el protagonista de la última película de acción en primera persona.
El casco tiene una enorme pantalla en la que se visualizarían las imágenes y unos auriculares que recogerían los sonidos. Se complementaría con unos guantes con los que se generaría una experiencia táctil, y un sensor que se introduciría en la boca y provocaría los sabores.
Por ahora, se trata únicamente de un proyecto, pero puede convertirse en realidad en un plazo de cinco años, si se consigue la financiación que se precisa.
Esta innovación tendría múltiples aplicaciones en el mundo empresarial, ya que permitiría celebrar reuniones virtuales desde distintos lugares físicos y en el de la educación, porque permitiría a los niños hacer viajes en el tiempo. Otra aplicación sería la medicina, ya que posibilitaría la realización de operaciones virtuales, reproduciendo olores y texturas, o hacer seguimientos de operaciones a distancia.

Un equipo de científicos ha creado un mapa tridimensional de las profundidades de la capa de hielo de la Antártida que permite entender cómo el flujo de las corrientes de hielo puede influir en el aumento del nivel del mar en los próximos años, según un artículo publicado por 'Nature Geoscience'.
Equipados con un radar, científicos de la British Antartic Survey (BAS), una institución británica dedicada al estudio del "continente blanco", y de la Universidad de Durham (al norte de Inglaterra), han dado un paso más en el estudio de la capa subterránea de hielo de la Antártida, que alberga a dos kilómetros bajo tierra un "río de hielo" diez veces más ancho que el Rhin.
La investigación se llevó a cabo en la zona oeste de la Antártida, en la corriente de hielo Rutford, compuesta por una mezcla de agua y sedimentos que fluyen bajo el hielo formando "crestas y surcos" que controlan el flujo de hielo que termina en el océano.
La corriente Rutford tiene unos 150 kilómetros de longitud, 25 kilómetros de ancho y un grosor de entre dos y tres kilómetros.
Las corrientes de hielo son similares a ríos gigantescos de hielo a través de los cuales el hielo de la capa antártica se traslada hacia el mar, formando grandes cadenas de hielo flotante.
La investigación de estos flujos es clave para predecir la evolución de la capa de hielo antártica y su influencia en el aumento del nivel del mar en el futuro.

Nos encontramos ante los primeros resultados exitosos de un programa experimental de desarrollo e implante de vista artificial, que es la gran esperanza de muchísimas personas invidentes.
Se trata ni más ni menos que de implantar ojos biónicos, y una de las tres personas que se ha sometido a la operación ha recuperado la visión tras 30 años sin poder ver.
El paciente de 73 años fue sometido a la cirugía ocular hace siete meses en el Hospital de Ojos Moorfields, en Londres, y asegura que ahora puede seguir líneas blancas en el camino e incluso elegir sus calcetines.
Estos ojos biónicos, bautizados como Argus II, están conectados de manera inalámbrica a unas gafas de sol que tienen una cámara y un procesador de video que captan lo que el paciente ve y lo convierten en señales eléctricas.
Estas señales son enviadas a la retina artificial y ésta a su vez estimula, por medio de electrodos, los nervios residuales de la retina que producen un impulso en el nervio óptico. Este a su vez, envía mensajes al cerebro, que puede percibir patrones de luz y manchas oscuras.
“Las pruebas hasta ahora han sido muy alentadoras porque han demostrado que el aparato es un avance real y tangible en el tratamiento de pacientes con pérdida total de visión”, aseguraron sus desarrolladores.


Sin duda, una de las noticias más interesantes de este año, y es que unos científicos de los Laboratorios de Neurociencia Com****cional ATR de Japón, han logrado por primera vez en la historia captar las imágenes almacenadas en la mente de una persona.
El experimento, realizado en humanos, utiliza una técnica que se basa en los patrones de sangre en el cerebro, en particular en la corteza visual. Para desarrollarlo, se les mostró a los participantes 400 imágenes en blanco y negro y con resolución de 10 x 10 pixeles cada una, durante 12 segundos, mientras se grababan datos de los patrones cerebrales generados al ver las imágenes.
Después, se les mostraba otro patrón diferente compuesto por las micro imágenes anteriores, como por ejemplo un patrón de dibujos que formaran las letras de la palabra N E U R O N, pudiendo reconstruir las imágenes que las personas estaban viendo con sólo analizar la actividad cerebral de estas personas.
Entre los posibles usos de esta técnica destacarían desarrollar una terapia a personas que sufren de alucinaciones, ya que con esta técnica sería posible que los doctores literalmente vean lo que el paciente ve en su mente. Pero es una arma de doble filo, ya que también podríamos espiar a las personas y saber lo que piensan. La polémica es inevitable.


Un equipo de científicos han logrado crear un nuevo material capaz de autoreparar sus roturas y rasguños cuando se le expone a un rayo de luz ultravioleta.
El estudio se ha publicado en la revista Science, y en el los investigadores explican que el secreto está en que utiliza moléculas hechas de chitosan, una sustancia natural que se deriva de las conchas y caparazones de crustáceos como el camarón.
El material está hecho de poliuretano, pero cuando se fragmenta, la luz ultravioleta provoca una reacción química que repara el daño.
Concretamente se trata de unas moléculas diseñadas para unir oxetano (moléculas en forma de anillo) con chitosan. Según las pruebas realizadas, estos materiales son capaces de repararse a sí mismos en menos de una hora, pudiendo ser utilizados en muchas aplicaciones de recubrimiento, por ejemplo en las industrias del transporte, paquetería, moda y biomedicina.

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Isaac Asimov

Isaac Asimov
Prolífico y destacado autor de obras literarias de ciencia ficción y divulgación científica.

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