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Nunca en los últimos 1.000 años se había registrado una frecuencia tan alta de huracanes en el Atlántico como en la actualidad, según las conclusiones de un estudio de la Penn State University de EEUU publicado en la revista "Nature".

Científicos de esta Universidad, dirigidos por el profesor Michael Mann, examinaron los sedimentos de los huracanes que han atravesado la costa de Norteamérica y del Caribe, y constataron que el número actual de huracanes es históricamente alto.

En la última década se ha registrado una media de 17 huracanes y tormentas tropicales, el doble que a principios del siglo XX y una cifra sólo comparable e incluso superada, según el estudio, durante la anomalía climática que se produjo durante el medievo (el Periodo de Calentamiento Medieval) hace aproximadamente 1.000 años.

La investigación no evalúa si existe una relación entre el incremento de los episodios de este fenómeno meteorológico y el cambio climático y se limita a ofrecer los datos empíricos.

Para elaborar la serie histórica los investigadores estudiaron los sedimentos que dejan tierra adentro, especialmente en las lagunas próximas a la costa, los vientos de hasta 300 kilómetros por hora de los huracanes que llegan a impactar en la tierra.

Se analizaron los sedimentos de siete lagunas en la costa de EEUU y de una laguna en Puerto Rico, y se hizo un cálculo aproximado del número de huracanes ocurrido en cada época a partir del numero de ellos que alcanzó la costa (muchos se pierden en el mar).

El equipo del profesor Mann también estudió modelos previos de ordenador sobre generación de huracanes y tuvo en cuenta los principales factores que influyen en la virulencia del fenómeno: la temperatura de la superficie en la franja tropical del océano Atlántico, los ciclos de El Niño y La Niña, que se generan en la costa este del océano Pacífico, y la oscilación del Atlántico Norte.

La investigación sugiere que pese a que la frecuencia e intensidad de los huracanes de hoy y de hace 1.000 años son las mismas, no tienen detrás las mismas causas ni características.

Hace 1.000 años, explicó Mann, un prolongado desarrollo de La Niña (circunstancia que influye en la generación de huracanes) coincidió con una climatología relativamente cálida en el Atlántico, lo que convirtió el fenómeno en algo más azaroso y circunstancial.

En la última década, sin embargo, el alto número de huracanes sólo tiene que ver con un calentamiento del agua del Atlántico, lo que establece una pauta más sencilla y más peligrosa, porque todo apunta a que la temperatura del océano aumente en las próximas décadas.

"Aunque los niveles de actividad son similares, entre hace 1.000 años y ahora, los factores implicados son diferentes", dijo Mann. Y advirtió: "Esto implica que si todo lo demás se mantiene igual, entonces el calentamiento de la zona tropical del Atlántico debería derivar en un creciente aumento de la actividad ciclónica".


Las explosiones estelares conocidas como supernovas de tipo Ia se han usado durante mucho tiempo como “candelas estándar”, su brillo uniforme da a los astrónomos una forma de medir distancias cósmicas y la expansión del universo. Pero un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Nature revela fuentes de variabilidad en las supernovas de tipo Ia que tendrán que ser tomadas en cuenta si los astrónomos quieren usarlas para medidas más precisas en el futuro.

El descubrimiento de la energía oscura, una misteriosa fuerza que acelera la expansión del universo, se basa en las observaciones de las supernovas de tipo Ia. Pero para estudiar la naturaleza de la energía oscura y determinar si es constante o variable en el tiempo, los científicos tendrán que medir distancias cósmicas con una precisión mucho mayor de lo que lo han hecho en el pasado.

“Cuando comencemos la próxima generación de experimentos cosmológicos, querremos usar las supernovas de tipo Ia como medidas de distancia muy sensibles”, dijo el autor principal Daniel Kasen, miembro posdoctoral de Hubble en la Universidad de California en Santa Cruz. “Sabemos que no todas tienen el mismo brillo, y tenemos formas de corregirlo, pero necesitamos saber si hay diferencias sistemáticas que sesgarían las medidas de distancia. Por lo que este estudio exploró qué causa esas diferencias en el brillo”.

Kasen y sus coautores — Fritz Röpke del Instituto Max Planck para Astrofísica en Garching, Alemania, y Stan Woosley, profesor de astronomía y astrofísica en la UC en Santa Cruz—usaron supercomputadores para ejecutar docenas de simulaciones de supernovas de tipo Ia. Los resultados indican que gran parte de la diversidad observada en estas supernovas se debe a la naturaleza caótica de los procesos implicados y a la asimetría resultante de las explosiones.

Para la mayor parte, esta variabilidad no produciría errores sistemáticos en los estudios de medidas dado que los investigadores usan u gran número de observaciones y aplican correcciones estándar, dijo Kasen. El estudio encontró un pequeño pero preocupante efecto que podría dar como resultado diferencias sistemáticas en la composición química de las estrellas en distintas etapas de la historia del universo. Pero los investigadores pueden usar los modelos por ordenador para caracterizar más este efecto y desarrollar correcciones para el mismo.

“Dado que estamos comenzando a comprender cómo funcionan las supernovas de tipo Ia a partir de sus principios básicos, estos modelos pueden usarse para refinar nuestra estimación de distancia y hacer medidas del índice de expansión del universo de forma más precisa”, dijo Woosley.

Una supernova de tipo Ia tiene lugar cuando una estrella enana blanca adquiere una masa adicional absorbiendo materia de una estrella compañera. Cuando alcanza una masa crítica – 1,4 veces la masa del Sol, compactada en un objeto del tamaño de la Tierra – el calor y presión del centro de la estrella disparan una reacción nuclear de fusión desbocada, y la enana blanca estalla. Dado que las condiciones iniciales son aproximadamente las mismas en todos los casos, las supernovas tienden a tener la misma luminosidad, y sus “curvas de luz” (cómo cambia la luminosidad con el tiempo) son predecibles.

Algunas son intrínsecamente más brillantes que otras, pero se iluminan y apagan más lentamente, y su correlación entre el brillo y la anchura de la curva de luz permite a los astrónomos aplicar correcciones para estandarizar sus observaciones. Por lo que los astrónomos pueden medir la curva de luz de una supernova de tipo Ia, calcular su brillo intrínseco, y entonces determinar cómo de lejos está, dado que el brillo aparente disminuye con la distancia (igual que una vela parece más tenue en la lejanía que una que está más cerca).

Los modelos por ordenador usados para simular estas supernovas en el nuevo estudio se basan en la actual comprensión teórica de cómo y dónde se inicia el proceso de ignición dentro de la enana blanca y dónde empieza la transición de la combustión de quemado lento a la detonación explosiva.

“Dado que la ignición no tiene lugar en un punto muerto, y que la detonación sucede primero en un punto cerca de la superficie de la enana blanca en explosión, las explosiones resultantes no son esféricamente simétricas”, explicó Woosley. “Esto podría estudiarse adecuadamente sólo usando cálculos multidimensionales”.

La mayor parte de estudios anteriores han usado modelos unidimensionales en los que la explosión simulada es esféricamente simétrica. Las simulaciones multidimensionales requieren mucha más potencia de cálculo, por lo que el grupo de Kasen ejecutó la mayor parte de sus simulaciones en la potente supercomputadora Jaguar en el Laboratorio Nacional Oak Ridge, y también usó supercomputadores del Centro de Nacional de Cálculo de Investigación en Energía en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley. Se informa de los resultados de modelos bidimensionales en el artículo de Nature, y los estudios tridimensionales están actualmente en proceso.

Las simulaciones demostraron que la asimetría de las explosiones es un factor clave para determinar el brillo de una supernova de tipo Ia. “La razón de que estas supernovas son tengan todas el mismo brillo está estrechamente vinculada a la ruptura de la simetría esférica”, dijo Kasen.

La fuente predominante de variabilidad es la síntesis de nuevos elementos durante las explosiones, la cual es sensible a diferencias en la geometría de las primeras chipas que encienden una reacción termonuclear desatada en el núcleo de la enana blanca. El níquel-56 es especialmente importante, debido a que el decaimiento radiactivo de este imparable isótopo crea el resplandor que los astrónomos observan durante meses o incluso años tras la explosión.

“El decaimiento del níquel-56 es lo que alimenta la curva de luz. La explosión termina en cuestión de segundos, por tanto lo que vemos es el resultado de cómo el níquel calienta los restos y cómo los escombros irradian luz”, dijo Kasen.

Kasen desarrolló el código para simular este proceso de transferencia radiativa, usando una salida de las explosiones simuladas para producir visualizaciones que pueden compararse directamente con observaciones astronómicas de las supernovas.

Las buenas noticias son que la variabilidad vista en los modelos por ordenador concuerdan con las observaciones de supernovas de tipo Ia. “Más importante aún, la anchura y puco de luminosidad de la curva de luz están correlacionados de una forma que encajan con lo que los observadores han encontrado. Por tanto los modelos son consistentes con las observaciones en las que se basa el descubrimiento de la energía oscura”, dijo Woosley.

Otra fuente de variabilidad es que estas explosiones asimétricas se ven de forma muy diferente cuando se observan desde distintos ángulos. Esto puede contar hasta en un 20% de las diferencias de brillo, dijo Kasen, pero el efecto es aleatorio y crea dispersión en las medidas que pueden ser reducidas estadísticamente observando grandes números de supernovas.

El potencial del sesgo sistemático procede principalmente de la variación en la composición química inicial de la estrella enana blanca. Los elementos más pesados se sintetizan durante las explosiones de supernovas, y los restos de esas explosiones se incorporan a nuevas estrellas. Como resultado, las estrellas que se formaron recientemente es probable que contengan elementos más pesados (una “metalicidad” más alta, en terminología astronómica) que las estrellas del pasado lejano.

“Este es el tipo de cosa que esperamos que evolucione con el tiempo, por lo que si miras la estrellas lejanas que se corresponden con épocas muy anteriores en la historia del universo, tenderían a tener una menor metalicidad”, dijo Kasen. “Cuando calculamos el efecto en nuestros modelos, encontramos que los errores resultantes en las medidas de distancia sería de un orden del 2 por ciento o menos”.

Posteriores estudios usando simulaciones por computador permitirán a los investigadores caracterizar los efectos de tales variaciones con más detalle y limitar su impacto en futuros experimentos de energía oscura, los cuales podrían requerir un nivel de precisión que haría un error del 2 por ciento inaceptable.

Los problemas financieros de la NASA han puesto en duda el plan para el retorno del hombre a la Luna. Según una comisión designada por el presidente Barack Obama para revisar el programa de vuelos espaciales, la Agencia no tiene suficiente dinero para concretar el plan de poner astronautas en la Luna para 2020. Además, el grupo indicó que el satélite natural de la Tierra no debería ser el objetivo central de la exploración espacial tripulada, según indicó 'The Washington Post'.

Desde hace tres años la NASA viene sufriendo problemas de presupuesto y, además de reducir personal, ha tenido que aumentar las formas de hacer economías de sus diversos proyectos. En 2004 el entonces presidente, George W. Bush, anunció su "Visión para la Exploración Espacial" que incluyó el retorno del hombre a la Luna para la década de 2020, así como la preparación de viajes tripulados a Marte en las décadas siguientes.

Sin embargo, la Comisión de Planes para Viajes Espaciales Tripulados, encabezada por el ejecutivo aeroespacial Norman Agustine, piensa que un plan de ese tipo implicaría abandonar la Estación Espacial Internacional (EEI) la cual sería arrastrada por la fuerza gravitatoria de la Tierra hasta estrellarse en Pacífico sur en 2016. Los miembros de la comisión se reunirán en los próximos días con funcionarios de la Casa Blanca y presentarán un informe final sobre sus conclusiones a finales de este mes.


El diario norteamericano indicó que, aunque en la lista de opciones planteadas por la comisión se incluye la creación de una base lunar, el grupo se inclinaría más por la alternativa llamada 'Espacio profundo' que consistiría en enviar astronautas en viajes más allá de la órbita terrestre pero no depositarlos en otros planetas.

Esa estrategia implicaría el viaje de naves tripuladas a asteroides cercanos a la Tierra y que están más allá de la magnetosfera que protege nuestro planeta. Podrían viajar a Fobos, una pequeña luna de Marte a la que una nave tripulada se podría acoplar de una forma similar al encuentro entre los transbordadores y la EEI.

Según el análisis de la comisión consignado por el diario, la Luna sería una posible plataforma, pero no el objetivo central de la exploración espacial. Por otra parte, llevar astronautas a la superficie de Marte y traerlos de regreso a la Tierra sería onerosamente prohibitivo.


Según la ex astronauta Sally Ride, la brecha presupuestaria de la NASA llegará a los 50.000 millones en 2020. Si la vida de la Estación Espacial se extendiera otros cinco años, el actual presupuesto permitiría terminar la construcción de un cohete lunar solamente en 2028 y eso se tendría que hacer sin asignar recursos para desarrollar los componentes de una base lunar, indicó Ride.

La EEI es un proyecto internacional concebido a un costo de unos 100.000 millones de dólares. Se espera terminarla a finales del próximo año o comienzos de 2011 cuando sean retirados los transbordadores estadounidenses que han sido los principales instrumentos de su construcción.

"Si estamos dispuestos a esperar hasta 2028, habrá un vehículo de transporte pesado... pero no tendrá nada que transportar. No se puede concretar el programa con este presupuesto", afirmó Sally Ride. Tanto en su campaña presidencial como durante sus primeros meses en la Casa Blanca, Obama ha dado su respaldo a los planes para el regreso del hombre a la Luna. Sin embargo, su decisión de crear la comisión es un indicio de dudas, manifestó el diario.

Las rocas lunares pueden ser procesadas directamente para producir oxígeno.

Científicos de Cambridge en el Reino Unido, han desarrollado un reactor que puede crear oxígeno a partir de rocas lunares — una tecnología vital si planetas crear una base lunar para lanzamientos.

Ya sea para aprovechar los recursos de la Luna o para usarlo como punto de salida para explorar lugares más profundos del espacio, los ocupantes de cualquier futura base lunar necesitarán oxígeno para sobrevivir. Enviar enormes cantidades a la Luna sería extremadamente caro — tal vez con un coste de 100 millones de dólares por tonelada de acuerdo con algunas estimaciones — por lo que los investigadores están examinando formas potencialmente más baratas de producir oxígeno en la propia Luna.

La NASA ha estado buscando formas de conseguir oxígeno de las rocas lunares desde hace varios años. En 2005, como parte del programa de Desafíos del Centenario, la agencia ofreció un premio de 250 000 dólares al primer equipo en lograr un conjunto que pudiese extraer cinco kilogramos de oxígeno en ocho horas a partir de alguna roca lunar simulada. A pesar de elevar el premio a 1 millón de dólares en 2008 con la ayuda de la Autoridad Espacial de California, el premio sigue sin dueño. Además, el programa en curso de Utilización de Recursos In Situ de la agencia está actualmente observando distintas tecnologías para extraer oxígeno de las rocas lunares.

Ahora, Derek Fray, químico de materiales de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, y sus colegas han logrado una solución potencial modificando un proceso electroquímico que inventaron en 2000 para lograr metales y aleaciones a partir de óxidos de metal1. El proceso usa el óxido — también encontrado en rocas marcianas — como cátodo, junto con un ánodo hecho de carbono. Para lograr el flujo de corriente en el sistema, los electrodos se sitúan en una solución de electrolito de cloruro cálcico fundido (CaCl2), una sal común con un punto de fusión de casi 800 °C.

Ánodo erosionado

La corriente arranca los átomos de oxígeno de las bolitas de óxido de metal, las cuales están ionizadas y se disuelven en la sal fundida. Los iones de oxígeno cargados negativamente se mueven a través de la sal fundida hacia el ánodo donde logran sus electrones extra y reaccionan con el carbono para producir dióxido de carbono — un proceso que erosiona el ánodo. Mientras tanto, el metal puro se forma sobre el cátodo.

Para hacer que el sistema produzca oxígeno y no dióxido de carbono, Fray tuvo que hacer un ánodo no reactivo. Esto fue crucial: “son esos ánodos, no funciona”, dice Fray. Descubrió que el titanato de calcio, que es un mal conductor eléctrico por sí mismo, se hace mucho mejor conductor cuando se le añade algo de rutenato de calcio. Esta mezcla produjo un ánodo que apenas se erosionaba — tras hacer funcionar el reactor durante 150 horas, Fray calculó que el ánodo se desgastaría unos tres centímetros al año.

En sus pruebas, Fray y sus colegas usaron una roca lunas simulada conocida como JSC-1, desarrollada por la NASA. Fray adelanta que tres reactores, cada uno de un metro de alto, serían suficientes para generar una tonelada de oxígeno al año en la Luna. Se necesitan tres toneladas de roca para producir una de oxígeno, y en las pruebas el equipo vio una recuperación del oxígeno de casi el 100%, comenta. Fray presentó sus resultados la semana pasada en el Congreso de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada en Glasgow, Reino Unido.

Para calentar el reactor en la Luna se necesitaría una pequeña cantidad de energía, señala Fray, y el propio reactor puede aislarse térmicamente para mantener el calor en él. “No sería un problema”, comenta. Los tres reactores necesitarían aproximadamente 4,5 kilovatios de potencia — no mucho más de lo que se usa para calentar un calefactor eléctrico de un hervidor doméstico — la cual podría suministrarse mediante paneles solares o incluso un pequeño reactor nuclear situado en la Luna.

Con un aporte extra de 10 millones de libras (16,5 millones de dólares), Fray dice que sería capaz de desarrollar un “prototipo robusto” de un reactor mayor que podría ser manejado de forma remota. Actualmente está trabajando junto con la Agencia Espacial Europea para lograr este objetivo.

Autoensamblaje

Una técnica similar para la extracción de oxígeno está siendo desarrollada por Donald Sadoway en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Massachusetts, pero su proceso funciona a una temperatura mucho mayor de unos 1600 °C — lo cual significa que la roca lunar se funde y puede actuar como electrolito ella misma. Produce metal fundido, incluyendo hierro, el cual cae al fondo. Fray dice que su proceso es más eficiente debido a que funciona a una temperatura más baja, pero Sadoway insiste en que la electrólisis de sal fundida, como se conoce a su técnica, recupera de todos sitios el calor extra que necesita. “En el proceso de Derek, la sal fundida le permite funciona a una temperatura mucho más baja”, dice Sadoway, “pero aún tiene que consolidar la roca lunar en una forma sólida”. Esto es a menudo difícil debido a la naturaleza de arena fina de la roca lunar, comenta.

El reactor de Sadoway podría incluso construirse a sí mismo. El interior estaría hecho de regolito lunar — los restos polvorientos que forman la superficie lunar — calentado eléctricamente para fundirlo, y el exterior sería de regolito sólido enfriado. “Formamos el muro del reactor permitiendo que el regolito fundido se congele”, dice, pero admite que iniciar el proceso es “complejo”.

Sadoway dice que con suficiente patrocinio, podría tener su sistema a escala en dos años. Su proceso ha sido preseleccionado por la NASA y está recibiendo algo de patrocinio de la agencia. “Una vez solucionado el problema de los materiales en la escala de laboratorio deberíamos ser capaces de avanzar rápidamente”, señala.

Conocida popularmente como Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo (festividad que se celebra el día 10 de agosto), la lluvia de estrellas se inicia alrededor del 17 de julio y se prolonga hasta el 24 de agosto, aunque depende del año.

Este verano la lluvia de estrellas tendrá su máximo de actividad el 12 de agosto, entre las 19:30 y las 22:00 horas (horario peninsular), pudiendo llegar a observarse hasta 200 estrellas fugaces en una hora. En esta ocasión, al estar la Luna en su fase de cuarto menguante el día 13 de agosto se espera cierta dificultad en la observación de los meteoros más débiles.

Científicamente, lo que conocemos como 'estrellas fugaces' no son otra cosa que meteoros: partículas de polvo de tamaño variable que los cometas van dejando a lo largo de su órbita mientras giran alrededor del Sol.

Cuando la Tierra entra en contacto con la órbita de un cometa los restos de partículas dejados por éste se desintegran al penetrar en la atmósfera. El resultado son las llamadas lluvias de estrellas.

En el caso concreto de las Perseidas, la Tierra atraviesa la órbita del cometa Swift-Tuttle, que tarda unos 130 años en dar una vuelta alrededor del Sol y que hizo su última aparición en el año 1992.

Generalmente, las lluvias de meteoros son bautizadas con el nombre de la constelación donde se encuentra el punto radiante (el punto del cielo desde el cual parecen provenir los meteoros en el instante del máximo de actividad). En este caso, el punto radiante se localiza en la constelación de Perseo, de ahí el nombre de Perseidas.

Con motivo del Año Intenacional de la Astronomía se ha organizado la 3ª Fiesta de Estrellas. El objetivo de este proyecto es la organización de observaciones públicas en plazas y lugares emblemáticos de España en fechas coincidentes con efemérides celestes relevantes.

El ayuntamiento de Roquetas de Mar (Almería) y la Asociación Astronómica Orión han organizado una noche para ver las Perseidas tumbados en la arena mientras se relatan historias acerca del universo.

La asociación AstroSantander ofrece observar este fenómeno desde una goleta en el mar y AstroCuenca desde las ruinas romanas de Valeria.

Los astrónomos recomiendan observar este fenómeno en las zonas menos afectadas por la contaminación lumínica de las ciudades. La zona de Calar Alto, en Almería, o provincias como Soria, Cuenca o Teruel son las más idóneas.

Los humanos no evolucionaron de un antepasado que andaba sobre los nudillos en la tierra, sino que esa forma de moverse evolucionó de forma independiente en varios simios africanos y, en nuestro caso, los ancestros de nuestra rama evolutiva vivían en los árboles.

A esta conclusión ha llegado un equipo de investigadores británicos, de la Universidad de Duke, después de estudiar los huesos de la muñeca y la mano de casi 250 primates. Su trabajo ofrece una nueva teoría a la polémica en torno a cómo surgió el bipedalismo, un debate que surgió en tiempos de Charles Darwin y no ha acabado.

En definitiva, se trata de dos posturas encontradas: los que creen que el antepasado 'prehumano' fue un simio que caminaba con los nudillos en la tierra, como los simios africanos (con quienes tendríamos un ancestro común) y otros son quienes apuestan porque el primer caminante sobre dos piernas escalaba los árboles. Esta conexión es la que los científicos, dirigios por Tracy Kivell, han investigadado en los huesos de fósiles, primates y humanos modernos.

Para ello, Kivell comenzó comparando los huesos de la muñeca de más de 104 chimpancés y 43 bonobos juveniles y adultos, que son los más cercanos a nuestra especie, con los de 91 gorilas.

La investigadora observó que dos de las características asociadas con los desplazamientos apoyando los nudillos sólo estaban presentes en el 6% de los gorilas, pero si existían en el 96% de los chimpancés adultos y el 76% de los bonobos, como publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS)'.

Conclusión: los gorilas tienen una forma de moverse apoyando los nudillos muy diferente a la de nuestros parientes. Andan a trancos con sus brazos, con las muñecas extendidas, de forma muy parecida a como caminan los elefantes. Sin embargo, chimpancés y bonobos lo hacen de forma más flexible, doblando las muñecas.

"La respuesta a estas diferencias es que los chimpancés pasan mucho más tiempo en los árboles, y por tanto necesitan más estabilidad para mantenerse en las ramas. Sin embargo los gorilas están más en la tierra, y tener unas muñecas más rígidas es más apropiado para estos desplazamientos. En ambos casos, ambas especies pasan el 85% de su tiempo caminando de este modo, pero en lugares distintos", afirma Kivell.

La antropóloga, que firma el trabajo con su colega Daniel Schmitt, de la Universidad de Durham, sugiere que hubo evolución independiente en los estilos de caminar en dos linajes de primates africanos.

Algunos científicos señalan que algunas características de la anatomía humana son vestigios de cuando caminábamos apoyándonos sobre los nudillos. Una de ellas podría ser la fusión de dos huesos de la muñeca que caracteriza a nuestra especie y que compartimos con ciertos simios. Esa particularidad anatómica nos podría haber dado más estabilidad.

El trabajo apoya la idea de que las características de la mano y la muñeca de fósiles humanos y que se han considerado típicas de un caminante con nudillos sobre la tierra, en realidad se corresponden con una especie arbórea, es decir un antepasado que caminaba por las ramas, se bajó al suelo y comenzó a andar verticalmente.

Hasta ahora no se han encontrado fósiles de ese momento de transición, que ocurrió hace unos siete millones de años. Tan sólo se conocen las famosas huellas de Laetoli, en Tanzania, de hace 3,7 millones de años, cuando nuestros ancestros ya eran bípedos.

Dos lejanos planetas que orbitan una joven estrella impactaron entre sí a altas velocidades hace miles de años en una colisión cósmica de proporciones cataclísmicas, anunciaron los astrónomos el lunes. Las reveladoras columnas de roca vaporizada y restos de lava dejados por la colisión mostraron su existencia al Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, el cual captó las señales del impacto en recientes observaciones.


La colisión entre ambos planetas tuvo lugar en los últimos miles de años aproximadamente – un marco temporal cósmico relativamente reciente. El menor de los dos cuerpos – un planeta de aproximadamente el tamaño de la Luna, de acuerdo c los modelos por ordenador – aparentemente fue destruido por el impacto. El otro era muy probablemente un planeta del tamaño de Mercurio y sobrevivió, aunque quedó seriamente dañado.

“Esta colisión tuvo que ser enrome y a una velocidad increíblemente alta para que la roca se haya evaporado y fundido”, dijo Carey Lisse del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Maryland, autor principal de un artículo que describe los hallazgos en el ejemplar del 20 de agosto de la revista Astrophysical Journal.

Los investigadores creen que los planetas se movían a aproximadamente 10 kilómetros por segundo antes de la colisión. El violento impacto liberó roca de silicio amorfa, o vidrio fundido, y endureció trozos de lava conocidos como tectitas. Spitzer también observó grandes nubes de gas de monóxido de silicio orbital creado cuando se evaporó la roca.

“Este es un evento de vida corta y verdaderamente raro, crítico en la formación de planetas como la Tierra y las lunas”, dijo Lisse. “Hemos tenido suerte de haber sido testigos de uno no mucho después de que tuviese lugar”.

Los detectores infrarrojos de Spitzer encontraron trazas de restos de rocas y lava re-congelada alrededor de una joven estrella, conocida como HD 172555, aún en las primeras etapas de formación planetaria. El sistema está a aproximadamente 100 años luz de la Tierra.

Un cataclismo similar se cree que formó la Luna hace más de 4000 millones de años, cuando un cuerpo del tamaño de Marte impactó en la Tierra.

“La colisión que formó nuestra Luna habría sido tremenda, suficiente para fundir la superficie de la Tierra”, dijo el coautor Geoff Bryden del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California. “Los restos dejados por la colisión muy probablemente se asentaron en un disco alrededor de la Tierra que finalmente se fundieron para formar la Luna. Esta es aproximadamente la misma escala de impacto que vemos con Spitzer – no sabemos si se formará o no una luna, pero sabemos que la superficie de un gran cuerpo rocoso estaba al rojo vivo, retorcida y fundida”.

De hecho, unos encuentros tan violentos parecen haber sido comunes en la historia inicial de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo, los impactos gigantes se cree que han despojado a Mercurio de su corteza externa, inclinado a Urano sobre un lado, y vuelto del revés a Venus.

Apenas este mes, una pequeña roca espacial se estrelló contra Jupiter , creando una gran mancha negra.

En general, los planetas rocosos como la Tierra se fusionan y crecen cuando las rocas pequeñas impactan y se agrupan, uniendo sus núcleos.

El sistema alrededor de HD 172555 es relativamente joven con sólo 12 millones de años de antigüedad, comparado con los 4500 millones de años de nuestro Sistema Solar.

Científicos de la Universidad John Moores de Liverpool, en el centro de Gran Bretaña, anunciaron un hallazgo que podría cambiar la teoría vigente acerca de cuándo llegó el hombre a América. Los investigadores encontraron huellas humanas de 40.000 años en las afueras de Puebla, una ciudad situada a poco más de 100 kilómetros del Distrito Federal mexicano. Pero Paul Renne y un equipo de geólogos y antropólogos que usaron una técnica en base a argón para calcular la antigüedad de las huellas, y otro método para calcular la edad de los fósiles, dijeron que tenían alrededor de 1,3 millones de años.
"Concluimos que: o la migración de homínidos que ingresó a América ocurrió muchísimo antes de lo que se creía previamente, o que las huellas en cuestión no fueron hechas por humanos sobre cenizas frescas"
.

Las medidas de la composición realizadas por el Rover de Exploración de Marte Opportunity de la NASA confirma que esta roca de la superficie de Marte es un meteorito de hierro-níquel.

Esta imagen combina exposiciones del ojo izquierdo y derecho de la cámara panorámica del róver para proporcionar una visión tridimensional cuando se ve a través de gafas rojo-azules. La cámara tomó las imágenes durante el día marciano 1961, o sol, de la misión de Opportunity en Marte (31 de julio), después de aproximarse lo suficiente para tocar la roca con el brazo robótico del róver.

Los investigadores han llamado informalmente a la roca”Block Island”. Con una anchura de aproximdamente sesenta centímetros, es el meteorito más grande encontrado hasta el momento en Marte. Opportunity encontró un meteorito más pequeño de hierro-níquel, llamado”Heat Shield Rock” a finales de 2004.

Cualquier dueño de perro ha intentado en alguna ocasión convencer a propios y extraños de lo lista que es su mascota, pero ahora además se sabe que algunos pueden contar hasta cinco, entienden más de 150 palabras e incluso intentan engañar a los humanos en su beneficio.

Estas son las conclusiones del psicólogo y experto en investigación canina Stanley Coren, de la Universidad British Columbia, que interviene en el congreso anual de la Asociación Psicológica Americana para hablar de "cómo piensan los perros".

Coren, autor de libros sobre perros y su comportamiento, ha revisado numerosos estudios para concluir que el mejor amigo del hombre tiene capacidad para resolver problema complejos y es más parecido a los hombres y otros grandes primates de lo que se pensaba.

"Sus impresionantes momentos de brillantez y creatividad son un recuerdo de que quizás no sean 'Einsteins' pero están seguramente más cerca de los humanos de lo que pensamos", señaló.

Coren indicó que, según diversas medidas conductuales, "las capacidades mentales del perro están cercanas a las de un niño de dos a dos años y medio".

Varía en función de la raza

Además, aseguró que la inteligencia varía según el tipo de perro y que la raza determina algunas de las diferencias entre animales.

Así, explicó que hay tres tipos de inteligencia canina: instintiva; adaptativa (la capacidad de aprender del entorno para resolver problemas) y de trabajo y obediencia (el equivalente al "aprendizaje escolar").

Datos de 208 perros de EEUU y Canadá mostraron que en la "inteligencia de trabajo y obediencia" el 'border collie' es "el número uno", seguido del caniche y en tercer lugar el pastor alemán.

La lista de los canes más listos se completa con el golden retriever; el doberman; el pastor shetland (parecido al collie) y el labrador, según la clasificación de Coren. El experto aseguró además que un perro normal puede aprender unas 165 palabras, incluidas señales, y los más "inteligente", unas 250.

Coren explicó que la capacidad máxima de aprendizaje de palabras se basa en el estudio de 'Rico', un can que demostró conocer 200 palabras habladas y tener una gran capacidad y rapidez de aprendizaje.

Por si fuera poco, estos amigos de cuatro patas también saben de números, aunque sería mejor no confiarles la contabilidad doméstica, pues pueden "contar" hasta cuatro ó cinco, y sólo tienen una "comprensión básica" de la aritmética, aunque son capaces de detectar errores como 1+1=1 o 1+1=3.

Durante el juego, los perros son capaces de intentar engañar, de manera deliberada, tanto a otros canes como a los humanos para lograr una recompensa y, según Coren, "tiene casi tanto éxito engañando a humanos como los humanos a engañando perros".

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Isaac Asimov

Isaac Asimov
Prolífico y destacado autor de obras literarias de ciencia ficción y divulgación científica.

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